dimecres, 6 de febrer de 2013

SON SÁDICOS Y ANORMALES, DENTRO DE UN ORDEN

Coral Bravo
Coral Bravo
Retazos
¿Sádicos o anormales?
Y sabemos que “la crisis” es solo una excusa, un pretexto, una coartada, un subterfugio por múltiples razones, la más evidente de las cuales es que el dinero que dicen no haber para lo público lo están traspasando de manera insultante, y con premeditación y alevosía, a las esferas privadas, es decir, a los ámbitos que son, para el gran capital y para ellos y sus allegados, un burdo modo de ganar dinero. Dinero, dinero, dinero, como la canción que cantaba la Minnelli en Cabaret. Solo quieren poder y dinero, mientras la precariedad extrema de millones de españoles les importa un pimiento y medio, o poco más; justo lo más que precisan las burdas apariencias que diseñan ex profeso para desinformados, fanáticos o idiotas. Porque la evidencia nos muestra tales disparates que solo pueden mantener su falso discurso si creen que los españoles somos lelos de nacimiento.
Incentivan la economía demoliéndola: Bajan los salarios, suben los impuestos, suben el IVA, descienden hasta límites el consumo, lo cual revierte en el descenso de la producción, en el aumento del paro, y en más bajadas de consumo.
Incentivan el consumo al revés, es decir, asolándole y llevándole a índices críticos por el encarecimiento de precios ocasionados por la subida de impuestos al ídem (al consumo). O sea, verdaderos cerebritos.
Mejoran la sanidad acabando con ella. Cierran hospitales, centros de urgencias, despiden masivamente a médicos y personal sanitario, introducen el timo que llaman co-pago, hacen pagar a los enfermos la ambulancia y hasta la botellita de agua diaria, y a los familiares el sofá horrible para maldormir. Vamos a ver, que un trabajador sin cualificación profesional paga alrededor de 300 euros mensuales por la asistencia sanitaria, y un seguro privado no llega a los 100, pero ¿qué milonga nos están contando??
Reforman la educación desmantelándola. Despiden profesores, cierran escuelas, acaban de un plumazo con la asignatura que tanto crispaba a los obispos porque instruía a los alumnos en derechos humanos y democracia. Reintroducen sin reparos la religión en la escuela, y, por descontado, mantienen intacta, como dios manda, la desmesurada y antidemocrática financiación de la enseñanza elitista, confesional y privada de sectas como Opus Dei o Legionarios de Cristo.
Alientan la investigación paralizándola. Limitan la financiación al estudio científico y a la investigación a mínimos escandalosos, frenando el desarrollo cultural y científico español, tradicionalmente ya precario.
Ahorran dinero eliminando centros de asistencia social, pero se lo gastan en absurdos y antediluvianos espectáculos de tortura y horror. Leía hace unos días unos datos muy significativos al respecto: La asociación Parkinson Galicia recibe 12.000 euros de ayuda al año, pero la feria taurina de A Coruña percibe 90.000 euros por tres días, y no por salvar vidas, sino por torturarlas y asesinarlas.
Acaban con el fraude disculpándolo, quizás porque siguen la cita bíblica que alude a la primera piedra. La famosa Ley de Amnistía Fiscal ha indultado a defraudadores y empresarios corruptos, cuyas fortunas defraudadas no han tenido que pagar impuestos. La siguiente Ley Rajoy quizás tenga que ver con el problema de la inmigración, y si sigue esos esquemas recurrentes probablemente acabe con el dilema matando a los inmigrantes. Es sarcasmo, por supuesto, pero no muy alejado de la realidad; de hecho, les ha dejado sin cobertura médica y muchos de ellos, sin duda, están muriendo y morirán por falta de asistencia.
La sinrazón y el saqueo parecen ser la moneda de cambio de los que nos gobiernan. Sus objetivos están claros, sus métodos, desgraciadamente, también, no hay más que ver el caso Bárcenas. Son neoliberales, al servicio del gran capital, y los neoliberales buscan el enriquecimiento corporativo y personal teniendo como faro guía el desprecio más absoluto a las personas y a los derechos humanos.  Los gobiernos neoliberales del resto de Europa han sido y son mucho más tibios a la hora de tratar a sus sociedades. Sólo en España, Grecia, Portugal e Irlanda su corrupción y su ofensiva contra los derechos y libertades ciudadanas ha llegado a extremos radicales e insoportables (¿qué tendrán en común…?); extremos que nos llevan a no entender qué legitimidad les ampara, además de a considerar la posibilidad de que estos gobernantes sean o sádicos de nacimiento o, como dice Lucía Etxebarría, verdaderos tontos y analfabetos. Probablemente las dos cosas, porque la maldad suele ser la primogénita de la voracidad, de la tiranía y de la ignorancia. ”Presuntamente” todo, claro.
Coral Bravo es doctora en Filología