dissabte, 9 de febrer de 2013

Muere a los 96 años el exiliado republicano Manuel Gaya

gayaManuel Gaya, en su casa de México en noviembre de 2012. / P. J. PHANSE
El último viaje del capitán Gaya
, quien en 1939 llegó a México
Un país maravilloso para Manuel
Consulta el especial Las cartas del exilio republicano
PAULA CHOUZA México 

Un sábado del pasado noviembre, Manuel Gaya i Canalda (Maldà, Lleida, 1916) leía en voz alta en el salón de su casa del Distrito Federal una carta que él mismo había escrito más de setenta años antes. La misiva- una copia del original que sostenía entre sus manos- iba dirigida al entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas, y en ella pedía asilo para construir una vida tras la guerra. Aquella mañana, el capitán Gaya relató con detalle una vez más la historia de su exilio en Burdeos, la llegada al puerto de Veracruz, sus años como vendedor de seguros y la forma en que se enamoró: de México y de sus dos esposas, Rosa María -de quien quedó viudo- y Dora, que lo acompañó hasta el final de su vida.
Pese a la agilidad de su relato, el cuerpo de Manuel Gaya no respondía ya aquel sábado tan rápido como su memoria. Un día antes había vuelto del hospital tras un breve ingreso. “Estoy enfermo de 96 años, eso no tiene cura”, decía. Este martes, 5 de febrero, el corazón del capitán dejó de batallar tras una vida de militancia en la izquierda republicana catalana.

Antes de zarpar el 14 de julio de 1939 a bordo del Mexique, Manuel Gaya pasó seis meses en un campo de concentración en Argelès-sur-Mer, Francia. “Recuerdo la cerca metálica junto al mar –le contó a este diario en 2007-. Hacía un frío espantoso, pasamos días terribles porque los franceses nos tiraban panes, luego nos dieron mantas, paja y madera para hacernos unas barracas donde nos acomodábamos como podíamos. Solo nos daban de comer lentejas y más lentejas. A pesar de la desesperación que sentíamos no queríamos regresar por ningún motivo a España”. No volvió a su país hasta que murió el dictador.
La llegada a México fue el punto de inflexión. “Miles de personas nos recibieron en el puerto de Veracruz con banderas y al grito de ‘¡Viva la República!”, recordaba en noviembre, “México me encantó, me maravilló, porque salir de un campo de concentración y ver tantas luces, tiendas, comida, restaurantes…era increíble”.
Perito agrónomo de formación, Manuel Gaya enseñó agronomía en Michoacán, tal y como había prometido en su carta de ser aceptado en México. Con los años, se convirtió en agente de seguros y más tarde en empresario. Agradecido por todo lo vivido, en la entrevista concedida a EL PAÍS hace apenas dos meses se declaraba “un optimista prudente”.

Sin olvidar nunca a Cataluña- entre otros honores, recibió el de Soci al Mèrit otorgado por el Orfeó Català de Mèxic como reconocimiento a su labor en la promoción de la cultura catalana-, transmitió a sus nietos ese amor por la lengua. Mauricio, de 29 años, en conversación telefónica, recuerda a Manuel como un hombre centrado, trabajador y disciplinado. “Siempre estaba ahí para ofrecer un consejo acertado”. Hace unos años, Mauricio tuvo oportunidad de visitar la tierra de su abuelo. Este miércoles, se despedía del capitán en su cuenta de la red social Twitter. El mensaje era como el adiós a alguien que parte a un mejor destino: “Gràcies per tot, avi. Bon viatge”.