dijous, 7 de febrer de 2013

FEIXISME "MADE IN CATALUNYA"


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220px-Xavier_Trias-1-.jpg  Javier Trias

 
 
                      Al igual que para mucha gente de bien y progresista debo decir que el pasado 22 de mayo fue uno de los días políticamente más tristes que ha podido haber. El entusiasmo y la alusión que despertaron en mi las movilizaciones del 15-M en la Puerta del Sol, en la Plaça de Catalunya y en muchas otras ciudadades de nuestro país, se vio ensombrecido por la victoria de la derecha pepera: a la que sigo considerando la más impresentable de toda Europa. Me queda el consuelo de que a esa victoria yo no contribuí. ¡¡Y es que antes muerto que pepero !!
 
                    Pero no nos rasguemos las vestiduras : ha sido la reacción de una ciudadanía desesperada por el peligro del paro y del empobrecimiento  que se asoma en el horizonte. Y aquí está la contradicción : no queríamos caldo, ( o sea políticas antisociales como las que ha hecho Zapatero), pues ahora vamos a tener tres tazas ( o sea, una política derechista y neoliberal que va apostar por el desinflamiento del gasto público y la providencia del mercado). Así somos los españoles : el gusto por el masoquismo.  Estamos castigando a un gobierno de izquierdas por haberse derechizado, haber recortado los gastos sociales, hecho una reforma laboral regresiva, aumentado la edad de jubilación, haberse plegado ante los poderosos, para después votar a una opción política que es precisamente la portavoz de los intereses de los más fuertes y rapiñeros y que amenaza con obligarnos a trabajar por un puñado de arroz y acabar de precarizar el mercado laboral más de lo que ya lo está. Y es que la desesperación es así : con ella se acaba sin saber lo que se está haciendo.
 
                     Mi pena no ha sido sólo ver a las clases populares y a gente que no me consta que tenga grandes intereses en el Consejo de Administración del BBVA votar al Partido Popular. Lo que también me  ha dejado perplejo es ver a mi querida Barcelona caer en manos de quien ha caído. No digo esto en defensa de Hereu, que ha sido el peor alcalde que ha tenido la capital condal. Y es que no es que el chico no tuviese que haber salido, es que ni siquiera tenía que haber entrado. O sea, que la derrota estaba bien merecida.
                   El problema está en lo que viene después de él  y aquí también se aplica el refrán : ¡¡No querías caldo, pues tres trazas !!  Resulta que tuvimos a un alcalde que hizo una política totalmente anti-social, que convirtió a la capital en un espacio de desigualdades chillonas entre districtos, creando bolsas de pobreza y segregación ( ocultas detrás de una remodelación y modernización urbanística y de las infraestructuras de la que sólo se han beneficiado los especuladores y la derecha económica del ladrillo)  para finalmente apoyar a una coalición que amenaza con profundizar en esa misma política : es decir, en beneficiar a los más poderosos.  Y es que aquí centramos nuestra atención en nuestra impresentable derecha nacional, pero olvidamos  a nuestras derechas autonómicas. En Cataluña, esa derecha la representa  CiU y el pospujolismo los cuales, por puñetera providencia o mejor dicho, "incompetencia" del que estaba antes, se han hecho con la ciudad condal.
 
Javier Trías, Artur Mas y Felix Puig
 
 
        Yo  no   respecto a Convergència Democràtica de Catalunya y su fundador, Jordi Pujol : que se convirtió en una especie de martir comunitario durante el franquismo a raíz de los hechos del Palau en los años 60, a pesar de que su papel en la lucha contra la dictadura fuese más bien menor. Pujol supo aprovecharse del asunto de Banca Catalana y relacionar al conjunto de la sociedad catalana con su figura ( que afortunadamente nada tenía que ver con él). Pero sobre todo es de señalar  su gran habilidad en rentabilizar buena parte de los resentimientos de la sociedad frente a la larga dictadura y los años de centralismo autoritario y desprecio hacia la cultura y la lengua catalana.   Yo creo que lo más celebrable en la figura de Jordi Pujol es que viviese su mayor tiempo de gloria en los 80, porque de haberlo hecho en los 30 y en la Europa de entreguerras, probablemente  habría sido uno de los más emblemáticos líderes fascistas de nuestra historia. Todavía así, sigo pensando que CDC es un partido democrático, preferible a nuestra esperpéntica derecha española encarnada por el Partido Popular y que tan hondas raíces tiene en la España más profunda y oscura, tierra de Aznar y de los herederos de la " Cruzada" : en esa tierra de borregos y cazurros que es Castilla- León, los fachallolid han aumentado su mayoría absoluta en el parlamento autonómico. 
                          También respeto mucho a Unió Democràtica de Catalunya, que ha sido el gran  y único partido  moderno de centro-derecha en nuestro país. Unió fue  fundada durante la República y  le fue leal incluso durante el alzamiento del 36. Además ha tenido  también a un martir : Carrasco i Formiguera , al que los franquistas fusilaron cuando acabó la Guerra Civil.  Se inspiró en el humanismo integral de Jacques Maritain y ese en gran medida un gran símbolo de la democracia cristiana europea. Y es que, una vez más, el gran respeto que le tengo a Convergència Democràtica de Catalunya y a Unió Democràtica de Catalunya, por su pasado democrático  y su talante liberal en el marco de valores sociales y culturales conservadores ( menos Convergència que Unió) , es equivalente al desprecio que el profeso al Partido Popular : que en cada celebración  de victoria electoral en la calle  no puede impedir que  le salga a flote su subconsciente fascista.
                   Pero una cosa es respetar el pasado democrático de  dos partidos catalanes y otra cosa bien diferente es olvidar cuál es su base social y quiénes son sus votantes, muy en especial en la ciudad de Barcelona. Y aquí no hay que resgarse las vestiduras. CiU defiende los intereses del franquismo sociológico, de la Barcelona de los "vencedores" como se decía antaño. O sea, la de los  herederos de los  "catalanes de Franco". 
                   
 
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Francesc Cambó
 
                                             La derecha sociológica catalana , en especial la de la parte alta y rica de Barcelona, es de un cinismo que no tiene desperdicio. Durante la Guerra Civil se escapó a Burgos y no fueron pocos las preeminentes e ilustres figuras de la alta burguesía y de la famosa Lliga Catalana que se pusieron al servicio de Franco y dejaron sus caudales a disposición del enano y de la causa de la "Cruzada". Figura emblemática lo fue el dirigente de la Lliga Catalana, Francesc Cambó, personaje político anacrónico, que sin embargo los historiadores  casi no quieren cuestionar, por eso de que representaba a una burguesía modernizadora y regeneracionista. De ahí que se idealice siempre al Cambó de la Restauración y se comente poco al de 1936, sobre todo para evitar cualquier debate sobre la colaboración de una parte de los catalanes con el regimen de Franco y seguir en el discurso de la autocomplaciencia ( el de Cataluña como motor de la modernidad y el progreso) y del victimismo ( consistente en atribuirle todos los males al dichoso nacionalismo español y a la atrasada y arcaica clase dirigente castellana). Aun así, es allí en Burgos donde muchos catalanes preeminentes  fundaron la revista Destino , nido del fascismo intelectual. La evolución de la revista hacia posturas más liberales a partir de los años 50 y el hecho de que con el tiempo acabase siendo nido de Progres, también han contribuido a cerrar debate sobre la contribución de la derecha catalana al triunfo del régimen franquista.  Los que se quedaron en Barcelona, sobre todo la gente bien de la Diagonal, acogieron con el brazo alzado a las tropas " Nacionales" cuando estas entraron triunfantes en la capital de Barcelona al final de la Guerra Civil. Cosa que también se olvida con mucha facilidad.  Después todos ellos se acomadoron a la dictadura y beneficiaron de ella.
 
                       Hace unos años apareció un polémico libro de Ignasi Riera, que llevaba por título, justamente, Los catalanes de Franco. Y como prueba de los serios problemas que algunos tienen con el pasado político de Cataluña , no faltaron dirigentes de la izquierda que negociaron incluso con el autor la desaparición del nombre de sus familias del índice onomástico. Un ejemplo es Rafael Ribó, histórico dirigente del PSUC y de Iniciativa, hombre procedente de la alta burguesía catalana y que digirió mal que el nombre de su padre figurase en el libro. También está el filósofo  Eugenio Trías, cuyo padre, franquista hasta la médula, contribuyó con creces al fusilamiento de Carrasco i Formiguera.  De ahí que el ilustre pensador entrase en juicio con el canal autonómico TV3 después de que la televisión catalana recordase los hechos. Y así sucesivamente, porque es obvio que los hijos de los vencedores tienen mal conciencia.
 
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                                      Esta Barcelona " vencedora" , mayoritariamente procedente de la Lliga Catalana en el plano político y en su origen catalanista, es la que se fue poco a poco españolizando, dejando lejos los postulados ideológicos y culturales de las Bases de Manresa  que estaban en el origen del catalanismo conservador. Y es que después de haber sido el gran motor de la recuperación de la cultura y de las letras catalanas, terminó renegando de ella misma, abrazando las esencias de la España, Una, Grande y Libre,  Al final acabó siendo la que consideraba que hablar en catalán era cosa de pobres y de payeses ( campesinos) y afirmando su españolidad.  Claro está, mirando para otro lado respecto a la represión en  Cataluña y pisoteando ella misma a los propios conciudadanos del pais.
 
                               Cuando los señoritos iban a veranear a la residencia secundaria, al capataz de la finca y a la ama de llaves se les hablaba en " castellano", aunque el acento catalán de los señoritos fuese todavía más marcado que el de los propios sirvientes. Y es que hablarles en "castellano" a los criados era, en efecto, subrayar que había una diferencia y distancia social sustancial entre entre el señorito y ellos. Con el tiempo esta burguesía catalana reconvertida a la lengua del Imperio acabó siendo sujeto de sendas burlas y parodias, tanto por su ridiculez, como por su imbecilidad y poca vergüenza política.