dissabte, 27 de juliol de 2013

GRAN CARCAJADA

                                 Monólogos  con mi gata Flora. 
La gran Carcajada  
Ay, mi querida  Flora, una sonora, escalofriante y  cruel carcajada resuena en los más recónditos lugares del planeta. Los sátiros que manejan los hilos que hacen bailar a los pueblos y naciones  al son que más les interesa,  y que no son otros que  el Imperialismo  Norteamericano  junto a su homólogo el Estado Sionista de Israel, los cuales, acaban de anunciar nuevas conversaciones  de paz con el Pueblo  Palestino. Una vez más, estos dos se burlan del mundo. Nunca  Israel ha respetado, ni  acuerdos, ni  resoluciones internacionales, ni mandatos de la ONU, ni acuerdos de paz, ni nada de nada, desde el mismo día de su creación como Estado, en su afán  expansivo  y su política de enajenación  y exterminio del pueblo palestino.  A caso sea una estratagema  más de las muchas a las que nos tienen acostumbrados,  para mantenernos entretenidos mientras la fiera sigue dando dentelladas en las carnes  trémulas  y traicionadas del pueblo palestino. 
     Un pueblo abandonado a su suerte, por todos, solo,  inerme y oprimido. Que ve como cada día le van robando trozos de su amada tierra. Que impotente asiste a la violación de sus fronteras, surcadas por un siniestro y amenazador muro de  hormigón y cemento que  divide y aísla  con la mayor impunidad  las familias haciendas, sus barrios  y pueblos, y sus ciudades y aldeas. 
             Cada cierto tiempo, el Estado Sionista con la ayuda del imperialismo y el seguidismo europeo, planifica bajo cualquier pretexto, siempre fiel a su política de  expansión y  latrocinio, una selección de aquellos hombres, adolescentes y jóvenes, que empiezan a rebelarse, y que pueden representar un peligro para su sistema, y sin mayores razonamientos ni preámbulos, y  en el ejercicio más prepotente y avasallador de su estrategia de hostigamiento y represión  los aboca a la desesperación y la angustia  llevándolos sin remisión ante los fusiles  de sus soldados invasores, o a las cárceles y catacumbas de sus ciudades, para de esta forma,  privar a la nación Palestina  de su riqueza más valiosas, que no es otra que la fuerza y la inteligencia de los hijos más preparados y preclaros  para la lucha diaria de ese pueblo.  
     Dime tú, Flora de mi vida, ¿qué autoridad, moral, ética o política puede asistir al estado sionista y al imperialismo  norteamericano para poner de rodillas e imponer su PAX  a todo un pueblo, en nombre de unos derechos adquiridos  mediante  la invasión,  la tortura y la muerte?, cuando han sido ellos y en especial el imperialismo Yanqui los que han llevado la guerra, el genocidio y el aplastamiento a naciones enteras en  Oriente medio. Feroces y voraces  por conquistar el poder geopolítico y el valor y riqueza de las materias primas, allá donde éstas se encuentren. 
     Las mujeres palestinas, dignas y desafiantes, con Rosas de luto en el regazo, y Lunas rotas en la garganta, en la boca el sabor de la leche de retama, y en sus manos heridas, piedras milenarias. Cabelleras azabaches al viento, con retazos bíblicos de furia y venganza, Rocas de granito irrompible, firmes y dúctiles, como el junco y el mimbre, allá, en la lontananza. 
Así, son las mujeres y madres palestinas, mi niña Flora, en su lucha, por la libertad, la  dignidad y  la esperanza. 
      
     Las madres palestinas, como todas las madres del mundo, tienen el  más sagrado e inalienable derecho de poder parir sus hijos cuando el parto se haga presente, sin dilaciones ni burocracias, siempre malintencionadas, tienen el derecho de poder  llevar a sus hijos al colegio, al médico cuando estén enfermos, al cine, a jugar, o donde ellas quieran y a las horas que quieran, sin que ningún muro ni soldado ramado pueda impedírselo. 
     Querida Flora, no terminaremos sin mencionar al pueblo Saharaui. Otro pueblo  invadido, avasallado, explotado, oprimido y expulsado de sus fronteras, que ve, como generaciones enteras, unas detrás de otras, nacen y mueren  fuera de su tierra, presas de campos de concentración y de muerte, victimas del Rey Felón de Marruecos, ayudado por unos cuantos felones  más. 
   
Francisca Lorenzo Rodríguez