dijous, 26 de juliol de 2012

Ana Palacio no es disléxica

PASANDO A FRANCO POR LA DERECHA

                                                                                  Euclides PERDOMO
A los sufridos intérpretes que tuvieron que descifrar las palabras (¿) de Ana Palacio en su deslumbrante desempeño como ministra de Exteriores.


Ana Palacio no es disléxica. O, en su defecto, no lo es por escrito. O no lo es su jefe de gabinete. O no lo son todos los escribidores de su gabinete. Sí, ya sé, todos sabemos que, cuando abría la boca mientras era ministra, su incoherente farfulleo parecía un síntoma clarísimo de esa enfermedad pero no. Estábamos equivocados y nos lo acaba de demostrar firmando galanamente –y ella solita-, su artículo “Un alegato por España” (El País, 21.julio.2012)
La señora Palacio no es disléxica sino gárrula pues sólo a una bocazas se la ocurre pontificar sobre las bondades y los males de La Patria cuando, dado su historial belicista, debería esconderse debajo de las piedras. Recordemos: Ana Palacio fue ministra de Exteriores (2002-2004) en uno de los gobiernos del señor Aznar de Botella. Bronquista, perdonavidas y jactanciosa por genética, opusdeísmo y por su cargo, invadió el peñón de Perejil buscando, sin duda, una guerra contra el vecino imperio sarraceno. Al no conseguirlo en ‘nuestro’ patio trasero, se fue hasta Washington y, postrándose ante Bush II, logró que la inmarcesible gloria del ejército español brillara un poco más lejos, concretamente en la invasión de Irak (2003) Huelga añadir que fue pura casualidad que luego vinieran los atentados de Casablanca y de Atocha y la que te rondaré morena.
Ahora bien, por la boca muere el pez. Gracias al artículo que firma –ella solita-, el neofascismo que actualmente se ensaña con los españoles ha mostrado sus cartas. La profunda pensadora Ana Palacio (en adelante, AP), nos ha desvelado lo que realmente quieren sus compinches. Y, como era de (des)esperar, sus intenciones no pueden ser más canallescas. Nos lo demuestra un somero análisis de sus amenazas a las que clasificaremos según sus varias clases de mentiras.
[Por pura comodidad, seguiremos el orden expositivo de AP. Pero, por respeto a la lengua castellana, porque no es imprescindible y por asco insuperable, evitaremos en lo posible citarla textualmente]
Mentiras fácticas
Uno. Los nacionalistas no compartieron con el resto de los súbditos de la Monarkía Bananera la histeria colectiva desatada por un reciente triunfo futbolero. Más aún, ni siquiera los que no somos nacionalistas, ni periféricos ni centralistas, lo compartimos. Las histerias, se las dejamos a los psiquiatras.
2. Pocas semanas después, de aquella histeria –euforia, para ella-, ¿quién la recuerda? Dejando a un lado la propaganda mediática que aprovecha el mínimo pretexto futbolero para rellenar sus páginas veraniegas, nadie.
3. España, Singapur e Irlanda no representan los mayores éxitos económicos del último cuarto del siglo XX. Esos (supuestos) méritos corresponden evidentemente a China en particular y, en general, a los BRICS. Como ente de razón y –sin que, en su caso, ello tenga relación causal- hasta como ex ministra de Exteriores, Palacio no debería confundir las pulgas caseras con los elefantes exóticos.
4. El señor Juan Carlos Borbón no lideró la transición a la democracia. Ningún rey ha liderado jamás ninguna pérdida de sus propios privilegios. Ni la liderará ningún pistolero porque ello supondría tener que abandonar su entrenamiento. Y el señor Borbón ha practicado el deporte olímpico del tiro desde su juventud, cuando lo ensayaba en familia –Estoril, Semana Santa 1956, contra su hermanito Alfonso- hasta su senectud, cuando la perjudicada fue la Naturaleza africana -Botswana, 2012, contra el elefantito Dumbo Aminoguana-.
5. Durante el tardofranquismo o neo-democratismo –léase, la Transacción-, los españoles no “sentían el temor de que resucitaran las hondas divisiones de la Guerra Civil”. Esas divisiones perduran y perdurarán. Lo que temían –temen- los españoles era que los franquistas siguieran asesinando por los siglos de los siglos. Visto el ingente número de víctimas de la impoluta Transacción, tal temor no puede tildarse de paranoico.
6. El partido neofascista en el que milita AP no ganó las últimas elecciones generales con un programa que “exigía la racionalización del gasto”. Semejante simpleza la podemos defender incluso nosotros; a fin de cuentas, ¿conoce AP alguien que defienda el gasto irracional? Durante la campaña electoral, lo que predicó el neofascismo patrio fue la creencia en pajaritos preñados –y dos huevos duros-.
Mentiras por omisión
Una. Ni por casualidad o error la señora Palacio utiliza la palabra dictadura cuando tiene que referirse al franquismo. Franco simplemente ‘muere’ y el franquismo es definido como ‘la era de Franco’, época que, huelga añadirlo, para ella termina abruptamente gracias a la Santa Transición. Por lo tanto, también es pura casualidad que los Millán-Astray, Fernández-Cuesta, Mariscal de Gante, Ruiz-Gallardón y no digamos Botín, familiares en primer grado de sus antecesores biológicos y políticos, controlen hoy los aparatos estatal y empresarial.
2. No se recata al apoyar su delirio neofascista con una cita de Eric Hobsbawm. Pero omite que es una cita descontextualizada y, faltaría más, omite que Hobsbawm es un historiador marxista. Naderías, posible travesura de algún asesor. Aunque también pudiera ser que AP piensa que ‘del cerdo se aprovecha todo’.
3. Se nota que la Iglesia está esperando al otoño porque los ungidos suponen que para entonces la plebe estará ablandada tras el bombardeo de la artillería gubernamental y ellos podrán comenzar su ofensiva inundando al país con agua bendita. Se nota porque no la menciona AP, su hija dilecta. Ni siquiera tira de la mugrienta ficha del papel conciliador que, desde el tardofranquismo, supuestamente desempeñan los obispos. Bueno, suponemos que AP habrá obtenido previamente el nihil obstat porque, de lo contrario, estaría en pecado mortal y no la salvaría ni el atenuante de la estrategia.
Mentiras de propina
Una. Aquí se nota que el equipo de ‘asesores’ ha tirado de las fichas más amarillentas: la culpa la tienen las autonomías, los emigrantes y las Cajas de Ahorro entendidas como “la peor semblanza –sic- de la propiedad pública”. De añadir algún comentario, le pediríamos a su jefe de gabinete que actualice el fichero pero, bah, ni eso se merece.
2. España no cuenta con “algunas de las mejores infraestructuras de Europa”. Esto es un chauvinismo de saldo cuya bravucona insensatez se descubre con solo cruzar los Pirineos. Si de verdad se lo cree AP –extremo que dudamos-, ello demostraría que ni siquiera en su época de ministra viajó por Europa. Claro, como ella sólo volaba a Washington, pues luego pasa lo que pasa.
Mentiras extremadamente gordas
Una. El franquismo no “ofreció a los trabajadores seguridad en el empleo y unos sólidos derechos de negociación colectiva”. Lo único que ofreció el régimen esclavista de Franco fue lo mismo que ahora ofrecen sus herederos: palo y tentetieso. La (escasa) seguridad en el empleo y los (débiles) contratos colectivos de antaño fueron conquistados a un altísimo precio por los trabajadores.
2. La “galopante tasa de desempleo” actual no se origina en las colosales ventajas laborales regaladas graciosamente por Franco sino a un cúmulo de factores entre los que, por abreviar, destacaríamos dos: la pentasecular prepotencia de los bancos –fraguada con el maldito oro de las Yndias-, y la impunidad de los franquistas enquistados en todos los Poderes –han buscado la recesión porque tienen enormes reservas pero también por puro sadismo-.
Resumen
Recapitulemos: para AP nos quiere hacer creer que el furbo lo arregla todo, que todos los españoles somos iguales en todo, que hay demasiados funcionarios –pues haber empezado a recortar según y dónde cuando era ministra-, que la debilidad de la ciencia española se debe a que abandonamos el sistema franquista de formación profesional –ya, Pemán y López Ibor como científicos de fama universal-, que no somos competitivos porque la universidad es pésima, carencia que se solventaría imitando a la universidad del furbo. Etcétera. Y la traca final: que la culpa de la crisis la tienen las veleidades sindicalistas de Franco. Sic en mayúsculas.
Señora AP, hágaselo mirar. No pase a Franco por la derecha. Comprendemos que su familia y usté sean de comunión diaria –siendo tan pecadores, falta les hace-, pero, por favor, a nosotros no nos haga comulgar con ruedas de molino.
Volvamos a recapitular: siguiendo las enseñanzas de AP, el neofascismo español, como máxima expresión del neoliberalismo, se caracteriza por:
su futbolismo en contabilidad B, su centralismo, su propagandismo -¡dominar la tele!-, su cateta cazurronería –olvida los BRICS y créete eso de las mejores infraestructuras-, su idolátrico monarquismo, su ahistoricismo –al retorcer la Historia y negar a sus padres, los neofascistas nacen por generación espontánea-, su irracionalismo –pajaritos preñados, pío pío-, su parasitismo –que no se entere Hobsbawm-, su confesionalismo, su islamofobia, su  xenofobia, su belicismo…
Pero, en especial, por su mendacidad congénita y compulsiva. Mienten hasta cuando sueñan que son más franquistas que Franco. Sueño húmedo –de sangre- que nunca podrán alcanzar porque los primeros franquistas no mentían: Mola teorizó que sólo gracias al Terror lograrían la victoria y Franco lo instauró proclamando a los cuatro vientos que exterminaría a media España para mantenerse en el Poder.
Finalmente, AP firma –solita, repetimos-, el Alegato/Manifiesto/Pasquín en su calidad de “miembro del Consejo de Estado”. Muy apoltronados deben estar en ese flamboyantísimo Consejo para que les sea necesaria una sobredosis de imaginación como la regurgitada por AP. Lástima que la imaginación no sea arbitraria ni, por ende, esté al alcance de cualquiera. Y menos de los mendaces.