dijous, 15 de novembre de 2012

NOS TRATAN A TODOS COMO RATAS



Ratas de laboratorio
La semana pasada la politóloga, pensadora y activista francesa Susan George inauguró en la Universidad de Valencia el IV Máster en Derechos Humanos, Democracia y Justicia Internacional. Presidenta de honor de ATTAC en Francia, George es desde hace algunos años uno de los grandes referentes para los movimientos sociales, para los demócratas y para todos los ámbitos políticos y sociales que luchan contra las desigualdades y las injusticias que genera el capitalismo voraz. Y comenzó su ponencia con una grave advertencia: la democracia está en serio peligro, y lo está por el ataque de lo que ella denomina la clase de DAVOS, que es la pequeña élite de las minorías neoliberales (empresas transnacionales, altas finanzas y los gobiernos aliados a ellas); élite que no representa ni el uno por ciento de la población y que es, sin embargo, la responsable directa de la crisis y de todas sus consecuencias.
 
Afirma la politóloga en esta entrevista que en España el Estado “ha castigado a los inocentes y ha recompensado a los culpables”. Antes de que estallara la crisis la deuda pública española era muy moderada, pero el Estado cargó con la deuda privada de los bancos y está robando, sí, robando, a los ciudadanos para favorecer a la banca, responsable también de la burbuja inmobiliaria y del actual caos económico. Efectivamente, la paradoja en este asunto es monumental, y explica de manera meridiana la inmoralidad política de esos que están empobreciendo a la sociedad mientras amparan a los corruptos y enriquecen a la banca y a las clases más privilegiadas. En otras palabras, un robo a mano armada.
Alega también Susan George que el paradigma político que estamos soportando se vivió en las mismas circunstancias en la Europa de los años 20 y 30. No es otro que el poder de la extrema derecha. Efectivamente, la precariedad social y económica suele ir pareja al avance de los fundamentalismos ideológicos y políticos, y ello como consecuencia de la sumisión y el repliegue ciudadano de su participación democrática y de su compromiso con la realidad social.
 
La frase más significativa y gráfica de la entrevista se refiere al límite de abuso que estamos sobrellevando los españoles, y a la incapacidad de reacción que estamos mostrando frente a ellos. Dice literalmente: “De hecho, creo que los griegos y los españoles son como ratas de laboratorio para ver qué nivel de castigo y sufrimiento puede ser aceptado por esta sociedad sin que la gente se rebele”. Dicho por ella cobra protagonismo conceptual algo que viene sufriendo la sociedad española desde hace tiempo: se nos está apretando, sin piedad, la tuerca de lo intolerable, y se sigue, en base a una crisis que crearon los mismos que nos están gobernando, apretando y apretando hasta límites insostenibles.
 
¿Hasta qué y cuánto seremos capaces de soportar? George afirma que la única solución posible es la unión de los españoles. Y, en efecto, es la unión en bloque de toda la sociedad la única salida posible al fascismo político y económico que está acabando con las democracias europeas y con todo lo que los españoles habíamos conseguido desde el final del franquismo. La repulsa conjunta e implacable de todo recorte y toda medida injusta que atente contra nuestro sistema democrático; la repulsa activa de los abusos y las indecencias con que nos acometen en nombre de una crisis prefabricada.
 
Porque los mismos que están recortando servicios, derechos y libertades a los ciudadanos están beneficiando, nepotismo incluido, a la misma élite responsable de la crisis que dicen que nos asola. No nos asola la crisis, nos asolan los políticos que actúan como sicarios a sueldo de esa élite que la creó. Porque nos están robando la democracia, y porque democracia no significa apoyo a los mercados financieros, sino,, significa el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Ese pueblo al que el gobierno actual está aplastando y expoliando, eso sí, con guante blanco y con altísimas dosis de indecencia y de grosera manipulación.
 
Coral Bravo es doctora en Filología