dissabte, 24 d’agost de 2013

UN GRAN NEGOCIO

Un gran negocio

Documento con fecha jueves, 08 de agosto de 2013. Publicado el viernes, 09 de agosto de 2013.
Autor: Coral Bravo.Fuente: El Plural.
El IOR (Instituto de Obras Religiosas), comúnmente conocido como el Banco Vaticano, ha multiplicado por cuatro sus beneficios en 2012. No se trata de especulaciones ni aproximaciones, sino de los datos de las cuentas publicadas en Internet por el mismo banco de la organización católica, de las que se han hecho eco diversos medios de información.
Según estos datos, difundidos por las propias fuentes interesadas, la primera entidad financiera del Vaticano, que no la única, gestiona un patrimonio de 7.200 millones de euros, y sus beneficios ascendieron en el pasado ejercicio a 86,6 millones de euros, con una plantilla de tan sólo 114 empleados.
En medio de la desolación que preside la economía europea, en medio de una Europa con la industria en estado crítico y el comercio asolado por la crisis financiera y de consumo, en medio de los resultados más que negativos de una gran parte de las empresas españolas que comercian con productos y servicios humanos, y no divinos, sometidas, como están, a la precariedad económica a la que se nos ha inducido, cuadruplicar los beneficios dinerarios es una hazaña impensable, a no ser por la intercesión milagrosa de la gracia divina.
Y es que hace falta una gran dosis de “ayuda celestial” para conseguir tamaño volumen de beneficios en una Europa sin dinero. O quizás sea, a la vista de la evidencia y por obra y gracia no de ninguna intervención divina, sino del entramado político-ideológico que llamamos neoliberal, que el dinero está concentrándose, como secularmente, en manos de unos pocos. O será que a río revuelto, ganancia de pescadores. O quizás que los asuntos divinos tienen mucha más relación de la que se empeñan en hacernos creer con los asuntos mundanos y terrenos.
Porque sólo en España la Iglesia católica es dueña de Bancos, entidades financieras, sociedades de inversión, grupos de especulación inmobiliaria; es accionista importante en las principales empresas del país, como Inditex, Endesa, Banco Popular o Telefónica, además de poseer numerosas empresas del ámbito mediático, editorial y de comunicación. Es poseedora de cerca del 60% del suelo patrio, de alrededor del 80% del suelo de las principales ciudades españolas, y del 70% del patrimonio artístico-cultural español. Y todo ello exento absolutamente del pago de tasas o impuestos que sí son obligatorios al resto de empresas y de mortales. Y es que dedicarse a vender parcelas en un hipotético paraíso de ultratumba parece ser un negocio redondo.
Eso sí, se siguen ocupando con tesón y vehemencia de la moral de los ciudadanos. Especialmente de la moral sexual, que el placer es terrible pecado. Y condenan muy especialmente la homosexualidad, pese a que en la población civil es de un 8% y en sus filas aumenta a un 14%, pederastia no incluída. Y siguen, como dios manda, criminalizando cualquier atisbo de aspiración a la libertad, al respeto a los derechos humanos, al goce en la vida terrena, invocando las bondades de la austeridad (la ajena) con la promesa del goce en la vida de ultratumba. A cambio de tan generosa dádiva, se siguen beneficiando de once mil millones de euros anuales del dinero de los  españoles sólo en el reparto de los PGE. Una nadería al lado de la garantía de pasar la eternidad rodeados de santos, rezos y rosarios de la aurora que a los elegidos afortunados, seguro, les compensa con creces de una vida de miedo, culpas, temores, castigos, y valles de lágrimas.
Cualquier cosa, por supuesto, mejor que pasarse la eternidad eterna achicharrándose en el asador divino. Aunque confieso que, de poder elegir, salvo por los tremendos calores eternos, elegiría estar al lado de gentes que nunca entrarían en el cielo por pensadores, racionales, humanistas y ateos, como Galdós, o Byron, o Voltaire, o Flaubert, o Sagan, o Hipatia, o Sócrates, o Víctor Hugo, o Saramago, o Machado, o Dante, o Cervantes, o Quevedo, o tantísimos otros que a estas alturas lucirán un intensísimo bronceado. Porque, como decía, Hemingway, todo hombre racional es ateo.
Sarcasmos aparte, creo que sería bueno interpretar con lucidez y objetividad esta noticia que nos indica abiertamente una enorme contradicción y una profunda y secular inmoralidad. La inmoralidad que supone que una institución cuya fortuna es incalculable, cuadruplique sus beneficios mientras se permite seguir imponiendo su “moral” inhumana, hipócrita y dogmática en un mundo devastado por la precariedad, la miseria y la pobreza. Y es que la precariedad y la pobreza, tanto física como intelectual, para algunos es, según parece, un antiguo, suculento y gran negocio.
Coral Bravo es Doctora en Filología