dissabte, 24 d’agost del 2013

UN GRAN NEGOCIO

Un gran negocio

Documento con fecha jueves, 08 de agosto de 2013. Publicado el viernes, 09 de agosto de 2013.
Autor: Coral Bravo.Fuente: El Plural.
El IOR (Instituto de Obras Religiosas), comúnmente conocido como el Banco Vaticano, ha multiplicado por cuatro sus beneficios en 2012. No se trata de especulaciones ni aproximaciones, sino de los datos de las cuentas publicadas en Internet por el mismo banco de la organización católica, de las que se han hecho eco diversos medios de información.
Según estos datos, difundidos por las propias fuentes interesadas, la primera entidad financiera del Vaticano, que no la única, gestiona un patrimonio de 7.200 millones de euros, y sus beneficios ascendieron en el pasado ejercicio a 86,6 millones de euros, con una plantilla de tan sólo 114 empleados.
En medio de la desolación que preside la economía europea, en medio de una Europa con la industria en estado crítico y el comercio asolado por la crisis financiera y de consumo, en medio de los resultados más que negativos de una gran parte de las empresas españolas que comercian con productos y servicios humanos, y no divinos, sometidas, como están, a la precariedad económica a la que se nos ha inducido, cuadruplicar los beneficios dinerarios es una hazaña impensable, a no ser por la intercesión milagrosa de la gracia divina.
Y es que hace falta una gran dosis de “ayuda celestial” para conseguir tamaño volumen de beneficios en una Europa sin dinero. O quizás sea, a la vista de la evidencia y por obra y gracia no de ninguna intervención divina, sino del entramado político-ideológico que llamamos neoliberal, que el dinero está concentrándose, como secularmente, en manos de unos pocos. O será que a río revuelto, ganancia de pescadores. O quizás que los asuntos divinos tienen mucha más relación de la que se empeñan en hacernos creer con los asuntos mundanos y terrenos.
Porque sólo en España la Iglesia católica es dueña de Bancos, entidades financieras, sociedades de inversión, grupos de especulación inmobiliaria; es accionista importante en las principales empresas del país, como Inditex, Endesa, Banco Popular o Telefónica, además de poseer numerosas empresas del ámbito mediático, editorial y de comunicación. Es poseedora de cerca del 60% del suelo patrio, de alrededor del 80% del suelo de las principales ciudades españolas, y del 70% del patrimonio artístico-cultural español. Y todo ello exento absolutamente del pago de tasas o impuestos que sí son obligatorios al resto de empresas y de mortales. Y es que dedicarse a vender parcelas en un hipotético paraíso de ultratumba parece ser un negocio redondo.
Eso sí, se siguen ocupando con tesón y vehemencia de la moral de los ciudadanos. Especialmente de la moral sexual, que el placer es terrible pecado. Y condenan muy especialmente la homosexualidad, pese a que en la población civil es de un 8% y en sus filas aumenta a un 14%, pederastia no incluída. Y siguen, como dios manda, criminalizando cualquier atisbo de aspiración a la libertad, al respeto a los derechos humanos, al goce en la vida terrena, invocando las bondades de la austeridad (la ajena) con la promesa del goce en la vida de ultratumba. A cambio de tan generosa dádiva, se siguen beneficiando de once mil millones de euros anuales del dinero de los  españoles sólo en el reparto de los PGE. Una nadería al lado de la garantía de pasar la eternidad rodeados de santos, rezos y rosarios de la aurora que a los elegidos afortunados, seguro, les compensa con creces de una vida de miedo, culpas, temores, castigos, y valles de lágrimas.
Cualquier cosa, por supuesto, mejor que pasarse la eternidad eterna achicharrándose en el asador divino. Aunque confieso que, de poder elegir, salvo por los tremendos calores eternos, elegiría estar al lado de gentes que nunca entrarían en el cielo por pensadores, racionales, humanistas y ateos, como Galdós, o Byron, o Voltaire, o Flaubert, o Sagan, o Hipatia, o Sócrates, o Víctor Hugo, o Saramago, o Machado, o Dante, o Cervantes, o Quevedo, o tantísimos otros que a estas alturas lucirán un intensísimo bronceado. Porque, como decía, Hemingway, todo hombre racional es ateo.
Sarcasmos aparte, creo que sería bueno interpretar con lucidez y objetividad esta noticia que nos indica abiertamente una enorme contradicción y una profunda y secular inmoralidad. La inmoralidad que supone que una institución cuya fortuna es incalculable, cuadruplique sus beneficios mientras se permite seguir imponiendo su “moral” inhumana, hipócrita y dogmática en un mundo devastado por la precariedad, la miseria y la pobreza. Y es que la precariedad y la pobreza, tanto física como intelectual, para algunos es, según parece, un antiguo, suculento y gran negocio.
Coral Bravo es Doctora en Filología

EL TIMO DE LA SÁBANA SANTA

La gran mentira de la sábana santa y la pseudociencia en política

Documento con fecha Tuesday, 20 de August de 2013. Publicado el Tuesday, 20 de August de 2013.
Autor: Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología..Fuente: Autor.
            Según el diario La Nueva España, “El Principado [de Asturias] apoyará al Ayuntamiento de Oviedo para que la exposición sobre la Sábana Santa de Turín, que el equipo de gobierno municipal (PP) quiere exhibir durante los meses de verano en la plaza de la Catedral, aterrice en la ciudad. Para ello el Ejecutivo que preside Javier Fernández (PSOE) concederá una subvención de 25.000 euros al Ayuntamiento para sufragar los gastos de la exposición, que se calcula que rondarán entre los 70.000 y los 80.000 euros” (nota 1).
            Por lo que parece, para el PP y el PSOE de Asturias, exhibir un trapo de la edad media y hacer creer que es el sudario en el que se envolvió a Jesús de Nazaret hace 2.000 años bien vale ese dinero. Cosas como estas son las que nos recuerdan las diferentes formas de valorar y actuar que hay en política. Mientras hay políticos que intentan frenar los desahucios, como en Andalucía, otros como los asturianos prefieren tirar el dinero público a la basura de la pseudociencia y la mentira pura y dura como es la relativa al trapo de Turín. Si realmente fuera el sudario que dicen que es, o hubiera el mínimo atisbo científico de que pudiera serlo, tal vez pudiera justificarse el gasto como difusión cultural, similar a cualquier otro gasto de exhibición de restos arqueológicos o históricos (incluso en tiempos de crisis económica no podemos devaluar la cultura). Pero es que en el asunto del dichoso trapo la única evidencia es esa: que es un trapo, y además de la edad media, y que en él jamás se envolvió el cuerpo de Jesús de Nazaret. No es una cuestión de fe, es una cuestión de hecho, científica: los resultados obtenidos datan el trapo en el siglo XIV (nota 2). No pudo ser el sudario que cubría a Jesús de Nazaret tras morir. Punto y final.
El dogma de la trinidad sí es una cuestión de fe, pero el trapo de Turín no: no hay forma de comprobar si Dios es uno y trino o si no lo es (si es que existe, que esa es otra), es asunto de fe, pero con el trapo pasa como con “Lucy” o con el “hombre de Piltdown”, que son cuestiones de hecho sobre las que sí cabe un veredicto científico. Los restos fósiles conocidos como “Lucy” son auténticos restos de una australopitecina de hace 3 millones de años; el “hombre de Piltdown” fue un fraude que se hizo pasar por un antepasado del ser humano hasta que se descubrió su falsedad. Seguir exhibiendo el trapo de Turín es seguir fomentando la mentira, es como si siguiéramos exhibiendo al “hombre de Piltdown” como el eslabón perdido. ¿Implica el fraude del hombre del Piltdown una prueba contra la evolución de las especies? No, solo que ese montaje en particular fue un fraude de la época. ¿Implica el trapo de Turín una prueba contra el cristianismo? No, solo que ese trapo en particular es otro fraude. Ni más ni menos. El problema es cuando hay quienes se empeñan en continuar con el montaje y de paso hacer negocio: entre 70.000 y 80.000 euros por la exposición de un trapo que es más falso que un billete de siete euros.
            Y más grave aún es que los poderes públicos den apoyo y dinero público a estas falsedades. Que lo haga el PP es en parte comprensible por su fanatismo religioso y su reticencia a ser un partido político de derechas pero moderno en el sentido de laico, como pueda serlo la UMP francesa. Sin ir más lejos, el ex concejal de Alcázar de San Juan y ahora diputado regional, Juan Francisco Sánchez Espinosa, viene difundiendo lo que para mí es el mito del trapito (nota 3), claro que para él no será un mito, como si fuera cuestión de opiniones y no de hechos científicos, pero bueno, allá él. ¡Pero que el PSOE asturiano se apunte a la mentira y encima la pague! Aunque tampoco es de extrañar para quienes en Castilla-La Mancha hemos sufrido los gobiernos confesionales de un Bono o un Barreda. De cualquier forma, todavía queda mucho en este país para lograr una auténtica aconfesionalidad de las instituciones públicas, y mucho más para erradicar la superstición y la pseudociencia que tanto arraigo tienen incluso entre nuestros gobernantes. Baste recordar que el general golpista y fascista Francisco Franco tenía como amuleto la supuesta mano incorrupta de santa Teresa de Jesús en su palacio. Esperemos que a nuestro confesionalísimo alcalde no le dé por colocar en el ayuntamiento uno de los varios santos prepucios del niño Jesús que varias iglesias en el mundo afirman poseer.

Nota 1: La Nueva España, 26/05/2013: “El Principado financiará parte de la exposición sobre la Sábana Santa”: http://www.lne.es/oviedo/2013/05/26/principado-financiara-parte-exposicion-sabana-santa/1417858.html
Nota 2: para quien quiera profundizar en el asunto de la llamada sábana santa, es muy recomendable el libro “La sábana santa, ¡vaya timo!”, de Félix Ares de Blas (Editorial Laetoli, 2006): http://www.laetoli.net/vaya-timo/51-la-sabana-santa-vaya-timo-felix-ares.html
(Publicado en el semanario El Semanal de la Mancha, sección Opinión, 16/08/2013)

LAS RAICES DEL ESTADO LAICO

La Revolución Francesa: raíces del Estado laico

La toma de la prisión de La Bastilla el martes 14 de julio de 1789 fue uno de los primeros episodios de la Revolución Francesa, formidable movimiento popular contra la tiranía monárquica y de la Iglesia Católica, fuerzas que tradicionalment

Autor: Edgar González Ruiz.Fuente: Red Voltaire.
Uno de los principales aspectos de esa gran movilización fue la instauración de un Estado laico ajeno a cualquier religión, como se plasmó en leyes que contemplaron la libertad de cultos y la secularización de diversas instituciones.
La Revolución Francesa tendría una enorme influencia en el resto del mundo al propagar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, de un gobierno republicano y el Estado laico como premisa de las libertades individuales.
En un discurso pronunciado a finales de 1793, Maximiliano Robespierre, uno de los más importantes dirigentes de dicha Revolución, exhortaba llevar a cabo “todas las virtudes y los milagros de la república” y a combatir “todos los vicios y ridiculeces de la monarquía” (Adolfo Thiers, Historia de la Revolución Francesa, Gassó Hermanos, Barcelona, España, tomo VI, página 188).
Aseguraba que la probidad, el deber, la razón y la grandeza del alma eran los valores republicanos que suplantarían los usos monárquicos basados en la tiranía de la moda, la insolencia, el culto al honor y a la pequeñez de los grandes; un pueblo magnánimo, poderoso y feliz, en lugar de otro complaciente, frívolo y miserable.
La diosa razón
En julio de 1790 se sustituyó el Concordato de 1516 por la llamada Constitución Civil del Clero, que sujetaba la organización clerical al gobierno, de tal suerte que los curas y obispos debían ser electos para sus cargos, igual que los funcionarios civiles, sin apelar a la autoridad del papa, además de que limitaba los privilegios para los religiosos.
Ésas y otras leyes cuestionaban el poder de la jerarquía católica (aliada tradicional de los reyes), mientras que los sectores más avanzados de la Revolución exigían que se eliminara todo tipo de financiamiento oficial al clero y se evitaran las ceremonias religiosas fuera de los templos.
El clero entonces se dividió en dos bandos: los curas que aceptaban obedecer y prestar juramento a esa Constitución (los llamados “juramentados”) y los que, defendiendo sus propios privilegios y el orden monárquico, se negaban a ello.
El papa Pío VI condenó esa Constitución Civil y prohibió a los clérigos prestarle juramento.
Mientras tanto, en París, hubo quienes quisieron sustituir el catolicismo por el culto a la diosa razón, cuyo ceremonial incluía suprimir todos los signos religiosos en los cementerios para sustituirlos por una estatua del sueño, benévola imagen de la muerte.
Anacarsis Clootz, uno de los promotores del nuevo culto, “no dejaba de proponer la destrucción de los tiranos y de toda especie de dioses, pretendiendo que en la humanidad independiente y despreocupada debía presidir la razón pura y su culto bienhechor y eterno” (obra citada, página 57).
La exaltación de lo racional implicó el rechazo de las creencias acerca de la vida de ultratumba, de tal suerte que en los cementerios se sustituyeron los signos religiosos por la imagen del sueño, que llevaba la inscripción: “La muerte es un sueño eterno” (Alfonso de Lamartine, La Revolución Francesa. Historia de los girondinos, Sopena, Barcelona, España, 1965, tomo II, página 550).
En los años siguientes, mediante una serie de disposiciones, se fueron liberando diferentes instituciones del control de la Iglesia y se consolidó la libertad de cultos: “El Decreto del 18 de septiembre de 1794 establecía que no se mantendrá culto alguno, ni se reconocerán, ni se retribuirá a ningún ministro de culto, ni se suministrará local alguno. Este Decreto será confirmado por el Decreto del 21 de febrero de 1795, donde se recoge el principio de separación entre el Estado y las confesiones religiosas. Estos principios serán consagrados en la Constitución del 22 de agosto de 1795 y se recogerán, también, en el Decreto sobre el Libre Ejercicio de los Cultos del 19 de septiembre de 1795. Como consecuencia de estas disposiciones, el Departamento de Cultos fue abolido y los sueldos de los ministros de culto serán suprimidos.
“Por último, se produce la secularización de algunas instituciones como el matrimonio, que pasa a ser considerado como contrato civil y se reconoce el divorcio; los registros de nacimientos, matrimonios y fallecimientos, según la Constitución de 1791, fueron transferidos a las autoridades municipales. Esta secularización se trasladó incluso al calendario y a las fiestas” (José Antonio Rodríguez García y Fernando Amérigo Cuervo-Arango, El origen del Estado laico en Francia, en www.ull.es/congresos/conmire...).
La Vendée
Como era de esperarse, los sectores reaccionarios se opusieron activamente al movimiento revolucionario, al grado de que en la región conocida como La Vendée, al Occidente de Francia, se levantó un numeroso ejército contrarrevolucionario integrado por miles de campesinos fanatizados, alentados por curas y por aristócratas defensores del antiguo orden de cosas.
El monarquista Chateaubriand, autor de obras como Atala y El genio del cristianismo, escribió sobre la guerra de La Vendée: “Las dos Francias se encontraron sobre aquel suelo […] Todo cuanto quedaba de sangre y de recuerdos de la Francia de las Cruzadas luchó contra lo que había de nueva sangre y de esperanzas en la Francia de la Revolución” (Memorias de ultratumba, Compañía General de Ediciones, México, 1961, tomo I, página 330).
El movimiento reaccionario surgió en 1793, el mismo año en que fue ejecutado Luis XVI. Thiers relata cómo ese año “se habían verificado algunas reuniones de aldeanos que pedían el restablecimiento del clero y de los Borbones” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, tomo IV, página 141), además de que los campesinos no aceptaban y perseguían a los llamados curas “juramentados” que habían aceptado la autoridad de la Revolución; ni aceptaban servir en el ejército para defender el nuevo movimiento.
El ánimo de los lugareños estaba enardecido “…y los sacerdotes no omitieron nada para atizarlo más” (obra citada, página 195).
Comenzaron las escaramuzas entre los vendeanos realistas y el ejército republicano, así como las represalias contra los soldados: “…trescientos republicanos fueron pasados por las armas en tandas de 20 y 30; los sublevados les hacían confesar primero y luego los conducían a la orilla de un barranco donde los fusilaban para no tomarse el trabajo de enterrarlos” (obra citada, página 199).
Los sublevados se organizaron en un ejército “de cerca de 30 mil hombres, y se llamó grande ejército real y católico” (obra citada, página 203).
De acuerdo con Chateaubriand, “cuando los vendeanos iban a atacar al enemigo, se arrodillaban y recibían la bendición de un sacerdote; la oración pronunciada llevando las armas no se reputaba como debilidad, porque el vendeano que elevaba su espada al cielo pedía la victoria y no la vida” (Memorias de ultratumba, tomo I, página 410).
El 1 de junio de 1793 designaron “un consejo que gobernase el país ocupado por sus tropas; de este consejo era un aventurero que se llamaba obispo de Agra, legado del papa, que bendecía las banderas, celebraba misas solemnes, excitaba el entusiasmo de los vendeanos…” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, tomo V, página 45).
Durante años, los vendeanos se enfrentaron a los republicanos en una cruenta guerra, que describe así Thiers: “los habitantes de la Vendée eran a un tiempo labradores y soldados, y en medio de los horrores de la guerra civil no habían dejado de cultivar sus campos y cuidar de sus ganados teniendo sus armas al lado, ocultas bajo la tierra o entre la paja. Acudían a la primera señal de sus jefes, acometían a los republicanos, desparecían después por entre los bosques, volvían a sus campos y ocultaban de nuevo sus armas y como los republicanos sólo veían campesinos desarmados, no podían mirarles como soldados enemigos” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, Tomo IX, página 87).
El gran Víctor Hugo escribió un relato novelado de la llamada Guerra de la Vendée, que duraría hasta 1796, en su obra El 93, donde leemos: “La Vendée fue una rebelión clerical que tuvo las selvas por auxiliares. Las sombras se auxilian mutuamente…” (Víctor Hugo, El 93, Los amigos de la Historia, Barcelona, España, 1972, página 159).
Explica: “…para la sublevación de tanta gente emplearon un medio sencillo y poco costoso. Detrás del retablo del altar, en el que decía la misa un cura sacramentado, metían un gato grande y negro, que saltaba bruscamente a la parte de fuera durante la misa. “¡Es el diablo!”, gritaban los campesinos, y todo un cantón se sublevaba. Los confesionarios soplaban también en el fuego de la sublevación” (obra citada, página 167). Describe la ferocidad de los monarquistas vendeanos que se enfrentaban a las tropas republicanas: “…en Fontenay, el cura Barbotín tendió en tierra de un sablazo a un anciano. En Saint-German-sur-Ille, uno de sus capitanes, que era noble, mató de un tiro al síndico del ayuntamiento y le robó el reloj. En Machecoul decidieron una vez hacer una monda simétrica de cabezas de republicanos, de 30 cabezas cada día, y la monda duró 5 semanas. A cada cadena de 30 cabezas llamaban ‘el rosario’; bajaban a los republicanos a un foso que habían abierto, la cadena se adosaba a una de las paredes y allí los fusilaban a todos. Los fusilados caían en la zanja, algunos de ellos aún vivos y los enterraban. De estas barbaries y mayores presentaron muchos ejemplos. A Joubert, presidente del distrito, le aserraron los puños. Ponían a los prisioneros azules [soldados republicanos] esposas cortantes, forjadas especialmente para ellos, y los mataban a golpes en las plazas públicas” (obra citada, páginas 168 y 169).
Esas crueldades de los católicos franceses son similares a las que perpetrarían a principios del siglo XX las hordas franquistas y los cristeros mexicanos contra sus enemigos: los defensores de la república y del laicismo.
En 1794, cuando el gobierno de la Revolución trató de iniciar negociaciones con los vandeanos, éstos exigieron condiciones “absurdas”, así las calificó el propio Thiers, como la de proporcionar “pensiones vitalicias para todos los eclesiásticos de la Vendée”, exención de 10 años de impuestos en la región y beneficios no sólo para los vandeanos que habían tomado las armas, sino para los emigrados realistas que conspiraban contra la Revolución.
Finalmente, algunos rebeldes capitularon con condiciones más modestas, como la indemnización de “aquellos cuyas casas habían quedado asoladas [por la guerra]”.
Algunos militares de la República trataron de conciliarse con el clero de la región, como una estrategia para debilitar a los rebeldes, e incluso comenzaron a participar en las ceremonias católicas, y ante los curas pregonaban que quienes se mantenían en armas eran bandidos que “no tienen Dios ni ley”.
Otros, simplemente compraban a los líderes contrarrevolucionarios; uno de ellos, luego de haber recibido 100 mil francos, se separó de sus huestes y los exhortó a dejar las armas “dándoles las razones más a propósito para convencerlos” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, tomo VIII, página 121).
Empero, la pacificación fue difícil porque algunos de los contrarrevolucionarios pactaban motivados o forzados por la circunstancias, pero con el propósito de mantener en secreto su organización y levantarse en armas cuando hubiera otra oportunidad, como uno de esos jefes que, “al ir a firmar, desenvainó el sable y juró volver a las armas a la primera ocasión” (obra citada, página 132).
La revuelta decayó luego de la captura y ejecución de uno de sus principales dirigentes en marzo de 1796, pero 2 años después la insurrección persistía bajo la forma de bandolerismo que perpetraban antiguos vendeanos: “a pesar de que esos salteadores –cuya reproducción anunciaba una especie de disolución social– tuviesen por principal objeto la rapiña, era evidente, según la elección de las víctimas, que tenían un objeto político” (obra citada, tomo XII, página 171).
Así como la derecha mexicana tiene como emblema a los cristeros, la derecha francesa ha tratado de idealizar a los contrarrevolucionarios de la Vendée, al grado de que en febrero de 2007 nueve diputados derechistas presentaron una propuesta de ley para reconocerlos oficialmente como víctimas de un supuesto genocidio.
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México




LAS TRECE ROSAS ROJAS


Monólogos con mi gata Flora.

Se cumplen 74 años del criminal y bárbaro asesinato de las trece Rosas.
Querida Flora, corre el mes de Agosto, un mes en el cual el Sol se vuelve más perezoso y tiritón antes de asomarse indolente y arcano entre celosías por la ventana de Oriente. El mismo Sol que por las tardes se pone triste y levantisco envuelto en un fino manto del color del Membrillo, augurando la inmediatez del Otoño. Mes en el cual el chopo se viste de plata vieja en su soledad junto al río; mes de cabañuelas impredecibles,, de tormentas repentinas y fugaces, de trojes repletos de dorado trigo, y vides henchidas de dulce néctar, cual eterna promesa de noches oníricas y días postrados ante Baco y Dionisio.
Ay, mi niña Flora, estoy razonando como la vieja y melancólica campesina que llevo dentro. Triste y pobre preámbulo, éste, antes de abordar el tema que aquí nos trae: el violento, canalla y sanguinario asesinato de trece muchachas. Las Trece Rosas como el imaginario colectivo las denominó. Un drama que estas trece jóvenes apenas salidas de la adolescencia tuvieron que sufrir, en una desolada y amarga madrugada del día 5 de Agosto de 1939.
Tengo mucho miedo, a que todo lo que yo pueda decir ahora, tantos años después no sea nada más que un pálido reflejo del inmenso drama que estas mártires tuvieron que sufrir.
No obstante quiero pensar que para que estas jóvenes no vuelvan a morir de nuevo cada 5 de Agosto hay que escribir sobre ellas, contar su historia, y darla a conocer a la inmensa mayoría de mujeres y hombres que aún no la conocen.

Pues la criminal y feroz dictadura fascista de Franco, tuvo mucho cuidado en silenciar y esconder durante muchos años ésta vil y feroz tropelía.
No podemos ni debemos olvidar a las miles, y miles de mujeres que un día lucharon con generosidad y entrega por la República, y por un mundo mejor, más justo, más igualitario y fraternal entre los seres humanos.
Las actuales y futuras generaciones de mujeres, hemos de ser conscientes de la indeleble deuda, y el innegable compromiso que históricamente tenemos contraído con todas aquellas valientes y abnegadas mujeres, que con su arrojo sufrimiento, lucha y en último término con su vida nos brindaron su testimonio, y nos dejaron la antorcha del relevo para seguir luchando por el mundo que ellas apenas pudieron vislumbrar: un mundo mejor en igualdad de condiciones y derechos, entre hombres y mujeres y entre todos los humanos del mundo sin distinción de sexo, raza o creencias.
Las trece mártires, supieron bien pronto que la justicia y la igualdad, y todos los derechos inherentes a estos dos conceptos no basta con pedirlos, también hay que luchar para arrebatárselos a nuestro enemigo común, que no es otro que el sistema Patriarcal, capitalista e imperialista.

El sistema que en sus entrañas lleva el germen de la violencia, la explotación, la guerra, el expolio, la voracidad y el genocidio.
Un sistema, que históricamente ha hecho del machismo su brazo armado con el propósito de mantener a la mujer doblegada, vencida e ignorada, para de esa forma hacerla más dúctil y sumisa, ante los mandatos y los dogmas religiosos, sociales y 
Este sistema, que tanto clama por la democracia y las libertades, y dentro del cual la consecución de unos derechos de mínimos nos conlleva décadas de lucha y sufrimiento como en el pasado más reciente de nuestro País, es el mismo que con sólo una legislatura, o cambio de títeres le basta y le sobra, para sin el menor rubor o vergüenza, poder arrebatarnos todo lo que tanto nos ha costado conseguir.
Así pues, querida Flora, pedir justicia e igualdad desde dentro del sistema, es como diría mi abuela” pan para hoy y hambre para mañana”.
Éste sistema no consiente que seamos libres e guales, por lo tanto lo que tenemos que hacer es combatir el sistema, destruirlo, y eliminarlo, para construir otro nuevo, más justo y solidario.

Donde la igualad entre hombres y mujeres no sea de mentirijillas, como sucede ahora, que nos dicen que somos libres e iguales pero para según qué cosas, por ejemplo: para formar parte de la tropa de un ejército que sólo sirve para hacer la guerra y para originar gastos astronómicos en armamento militar empobreciendo más si cabe, los pueblos y las naciones del mundo; iguales para formar parte de de una jauría de políticos MEDIOCRES, aprovechados, comodones arribista, conformistas y a veces corruptos; Iguales para dirigir un Banco o el Fondo Monetario Internacional, organismos todos ellos, responsables de la desolación el empobrecimiento la miseria, el hambre y sufrimiento de miles de millones de seres en todo el planeta.
Ninguna mujer consciente de su situación actual, y de todo a aquello por lo que en el futuro tiene y debe luchar si quiere conquistar el papel que le corresponde en una sociedad más justa, puede aspirar a ser una Margaret Tacher o una Ángela Merkel . 
Sobre todo si tenemos presente que entre tanto, y por culpa de las reglas de juego impuestas por el sistema patriarcal, las mujeres seguimos siendo las víctimas propiciatorias en el altar que en la prehistoria los gurús de la propiedad privada, primer eslabón de lo que hoy conocemos como capitalismo, levantaron para nosotras y en nuestro nombre.
Cada vez más, la mujer sufre vejaciones, malos tratos físicos y psicológicos. El terrorismo domestico se está haciendo cada día más fuerte, con una media de tres mujeres asesinadas a la semana. La mujer se encuentra cada vez más indefensa e inerme, en lo jurídico, lo social y lo económico.
A las trece Rosas, la igualdad les explotó en la cara, en una cruda madrugada madrileña. Entre remolinos de estrellas y una República a la sombra, trece soles cabalgando, sin las bridas ni vacado, regatos de sangre empapando aquella tierra quemada, entre manos rotas, y ojos fuera de sus orbitas, la boca bacía de palabras, fuego fatuo, y un nido de brasas. En las entrañas, que en el futuro hubiesen podido ser, barbecho y tempero, presto a la siembra temprana, ahora sólo hay garduños serpientes y metralla.
Para estas trece muchachas, la igualdad frente a los hombres, se midió con el equivalente a su premura y valor a la hora de poner su existencia en la balanza de la vida y la muerte, prefirieron morir antes de vivir siendo esclavas. Viva la República.

Francisca Lorenzo Rodríguez.

MATILDE LANDA

Matilde Landa, la mujer que prefirió la muerte al bautizo

La dirigente del PCE se suicidó en el penal de Mallorca en septiembre de 1942 el día en el que el régimen franquista había organizado su conversión al catolicismo

Matilde Landa prefirió la muerte. La dictadura franquista ofreció a la dirigente comunista mejoras en la alimentación de los hijos de las presas del penal de Mallorca a cambio de su bautismo y conversión al catolicismo. Matilde eligió sus principios. El 26 de septiembre de 1942, día que estaba prevista la ceremonia de bautismo, Landa se precipitó por la terraza hacia el patio interior de la prisión. Se suicidó. En los 45 minutos que duró la agonía de Landa, completamente inconsciente, las autoridades eclesiásticas de Illes Balears aprovecharon para bautizarla en articulo mortis.
Minutos antes de su suicidio, Landa escribió una carta a su hija donde, de manera encubierta, se despedió de ella rogándole perdón. La ceremonia de su bautizo ya estaba preparada. "Hoy es el gran día, dicen. Doña Bárbara, otras señoras de Acción Católica y las monjitas andarán relamiéndose con el triunfo. El dolor del pecho no me deja pensar, Carmencilla; pero no creo que el aceite alcanforado alivie mi sufrimiento, porque otro dolor, más hondo, es el que me acucia (...)".
"No puedo ver sin llorar los rostros de esos niños a los que amenazan con dejar sin leche si yo no me convierto -prosigue la misiva- Tú sabes, Camencilla, lo mucho que me preocupan los niños, los más desgraciados, con sus corazoncitos, tan sensibles y tan a merced de los caprichos de los mayores. No puedo, no puedo aceptarlo. Sería como prostituirme. Ay, esos niños... ¿Será lo mío un capricho? (...) Quien sobra soy yo. (...) Espero que me sigas queriendo y que te acuerdes de mí a pesar de lo que te cuenten, a pesar de lo que voy a hacer. Que tú, mi niña, mi chiquitina, y esos pobres niños me perdonéis", escribió Landa antes de su suicidio en una carta que recoge Antoni Tugores en la obra Víctimes invisibles.
En esa misma misiva, Matilde Landa recordaba lo mucho que echaba de menos leer los versos que el poeta Miguel Hernández le había dedicado. Hernández y Landa se conocieron cuando, en 1938, la mujer formaba parte de la sección de información popular del subsecretariado de Propaganda del Gobierno Republicano y recorría la España republicana organizando conferencias para levantar la moral a los combatientes republicanos.

‘A Matilde' de Miguel

"En la tierra castellana 
el castellano caía 
con la voz llena de España
 y la muerte de alegría.

 Para conseguir la libertad de sus hermanos
 caen en los barbechos los más nobles castellanos.

 No veré perdida España
 porque mi sangre no quiere.
 El fascismo de Alemania 
junto a las encinas muere.

 Para hacer cenizas la ambición de los tiranos 
caen en las trincheras los más nobles castellanos.

 Españoles de Castilla
 y castellanos de España
 un fusil a cada mano
 y a cada día una hazaña.

 Voy a combatir al alemán que nos da guerra
 hasta conquistar los horizontes de mi tierra".
Eran los años en los que la popularidad de Matilde Landa crecía sin parar. Un año antes, en 1937, Matilde había sido voluntaria en el Socorro Rojo Internacional, donde colaboró en la evacuación de Málaga. Cuando estalló la Guerra, Landa se incorporó a las tareas sanitarias en un hospital de guerra de Madrid. El activista italiano Vittorio Vidali "Comandante Carlos" había señalado que si tuviera que escribir la historia de la Guerra Civil española bastaría con dos biografías: la de Antonio Machado y la Matilde.

Condenada a muerte

Con la victoria del ejército de Francisco Franco sobre la República, Matilde Landa se quedó en Madrid para reconstruir desde dentro el PCE. El 4 de abril de 1939 fue detenida mientras preparaba la huida de dos compañeros del partido. Tras ser sometida a un Consejo de Guerra, fue condenada a muerte. Antes, le habían ofrecido salir libre si renegaba públicamente del PCE. También se había negado.
Condenada a muerte, Matilde ingresó en la cárcel de Ventas de Madrid, donde permanecían alrededor de 10.000 presas. Desde dentro, con el permiso de la directora de la prisión, compañera de la residencia de estudiantes, montó la llamada Oficina de Penadas, que se encontraba en su misma celda. Se trataba de una máquina de escribir en la que Matilde escribía recursos para que sus compañeras no fueran fusiladas una vez escuchados sus casos.
En poco tiempo se convirtió en la reclusa más carismática. La joven comunista se había convertido en un símbolo de dignidad y resistencia para sus compañeras reclusas. Un amigo de la familia, cercano al régimen franquista, intercedió para que no fuera ejecutada. A cambio, el régimen la condenó a 30 años de prisión que debían cumplirse fuera de la península. Fue entonces cuando trasladaron a Landa a Mallorca. Era el mes de agosto de 1940.
Landa se convirtió entonces en el objetivo propagandístico de la Iglesia balear. Su conversión al catolicismo sería una gran arma propagandística y minaría la moral de los vencidos. No bastaba con vencer. Había que humillar y convertir a los derrotados. Matilde fue apartada del resto de presos y sólo podía hablar con Bárbara Pons, de Acción Católica, quien se encargaba de que finalmente aceptara la conversión al catolicismo. Matilde Landa prefirió la muerte.