dissabte, 24 d’agost del 2013

LAS RAICES DEL ESTADO LAICO

La Revolución Francesa: raíces del Estado laico

La toma de la prisión de La Bastilla el martes 14 de julio de 1789 fue uno de los primeros episodios de la Revolución Francesa, formidable movimiento popular contra la tiranía monárquica y de la Iglesia Católica, fuerzas que tradicionalment

Autor: Edgar González Ruiz.Fuente: Red Voltaire.
Uno de los principales aspectos de esa gran movilización fue la instauración de un Estado laico ajeno a cualquier religión, como se plasmó en leyes que contemplaron la libertad de cultos y la secularización de diversas instituciones.
La Revolución Francesa tendría una enorme influencia en el resto del mundo al propagar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, de un gobierno republicano y el Estado laico como premisa de las libertades individuales.
En un discurso pronunciado a finales de 1793, Maximiliano Robespierre, uno de los más importantes dirigentes de dicha Revolución, exhortaba llevar a cabo “todas las virtudes y los milagros de la república” y a combatir “todos los vicios y ridiculeces de la monarquía” (Adolfo Thiers, Historia de la Revolución Francesa, Gassó Hermanos, Barcelona, España, tomo VI, página 188).
Aseguraba que la probidad, el deber, la razón y la grandeza del alma eran los valores republicanos que suplantarían los usos monárquicos basados en la tiranía de la moda, la insolencia, el culto al honor y a la pequeñez de los grandes; un pueblo magnánimo, poderoso y feliz, en lugar de otro complaciente, frívolo y miserable.
La diosa razón
En julio de 1790 se sustituyó el Concordato de 1516 por la llamada Constitución Civil del Clero, que sujetaba la organización clerical al gobierno, de tal suerte que los curas y obispos debían ser electos para sus cargos, igual que los funcionarios civiles, sin apelar a la autoridad del papa, además de que limitaba los privilegios para los religiosos.
Ésas y otras leyes cuestionaban el poder de la jerarquía católica (aliada tradicional de los reyes), mientras que los sectores más avanzados de la Revolución exigían que se eliminara todo tipo de financiamiento oficial al clero y se evitaran las ceremonias religiosas fuera de los templos.
El clero entonces se dividió en dos bandos: los curas que aceptaban obedecer y prestar juramento a esa Constitución (los llamados “juramentados”) y los que, defendiendo sus propios privilegios y el orden monárquico, se negaban a ello.
El papa Pío VI condenó esa Constitución Civil y prohibió a los clérigos prestarle juramento.
Mientras tanto, en París, hubo quienes quisieron sustituir el catolicismo por el culto a la diosa razón, cuyo ceremonial incluía suprimir todos los signos religiosos en los cementerios para sustituirlos por una estatua del sueño, benévola imagen de la muerte.
Anacarsis Clootz, uno de los promotores del nuevo culto, “no dejaba de proponer la destrucción de los tiranos y de toda especie de dioses, pretendiendo que en la humanidad independiente y despreocupada debía presidir la razón pura y su culto bienhechor y eterno” (obra citada, página 57).
La exaltación de lo racional implicó el rechazo de las creencias acerca de la vida de ultratumba, de tal suerte que en los cementerios se sustituyeron los signos religiosos por la imagen del sueño, que llevaba la inscripción: “La muerte es un sueño eterno” (Alfonso de Lamartine, La Revolución Francesa. Historia de los girondinos, Sopena, Barcelona, España, 1965, tomo II, página 550).
En los años siguientes, mediante una serie de disposiciones, se fueron liberando diferentes instituciones del control de la Iglesia y se consolidó la libertad de cultos: “El Decreto del 18 de septiembre de 1794 establecía que no se mantendrá culto alguno, ni se reconocerán, ni se retribuirá a ningún ministro de culto, ni se suministrará local alguno. Este Decreto será confirmado por el Decreto del 21 de febrero de 1795, donde se recoge el principio de separación entre el Estado y las confesiones religiosas. Estos principios serán consagrados en la Constitución del 22 de agosto de 1795 y se recogerán, también, en el Decreto sobre el Libre Ejercicio de los Cultos del 19 de septiembre de 1795. Como consecuencia de estas disposiciones, el Departamento de Cultos fue abolido y los sueldos de los ministros de culto serán suprimidos.
“Por último, se produce la secularización de algunas instituciones como el matrimonio, que pasa a ser considerado como contrato civil y se reconoce el divorcio; los registros de nacimientos, matrimonios y fallecimientos, según la Constitución de 1791, fueron transferidos a las autoridades municipales. Esta secularización se trasladó incluso al calendario y a las fiestas” (José Antonio Rodríguez García y Fernando Amérigo Cuervo-Arango, El origen del Estado laico en Francia, en www.ull.es/congresos/conmire...).
La Vendée
Como era de esperarse, los sectores reaccionarios se opusieron activamente al movimiento revolucionario, al grado de que en la región conocida como La Vendée, al Occidente de Francia, se levantó un numeroso ejército contrarrevolucionario integrado por miles de campesinos fanatizados, alentados por curas y por aristócratas defensores del antiguo orden de cosas.
El monarquista Chateaubriand, autor de obras como Atala y El genio del cristianismo, escribió sobre la guerra de La Vendée: “Las dos Francias se encontraron sobre aquel suelo […] Todo cuanto quedaba de sangre y de recuerdos de la Francia de las Cruzadas luchó contra lo que había de nueva sangre y de esperanzas en la Francia de la Revolución” (Memorias de ultratumba, Compañía General de Ediciones, México, 1961, tomo I, página 330).
El movimiento reaccionario surgió en 1793, el mismo año en que fue ejecutado Luis XVI. Thiers relata cómo ese año “se habían verificado algunas reuniones de aldeanos que pedían el restablecimiento del clero y de los Borbones” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, tomo IV, página 141), además de que los campesinos no aceptaban y perseguían a los llamados curas “juramentados” que habían aceptado la autoridad de la Revolución; ni aceptaban servir en el ejército para defender el nuevo movimiento.
El ánimo de los lugareños estaba enardecido “…y los sacerdotes no omitieron nada para atizarlo más” (obra citada, página 195).
Comenzaron las escaramuzas entre los vendeanos realistas y el ejército republicano, así como las represalias contra los soldados: “…trescientos republicanos fueron pasados por las armas en tandas de 20 y 30; los sublevados les hacían confesar primero y luego los conducían a la orilla de un barranco donde los fusilaban para no tomarse el trabajo de enterrarlos” (obra citada, página 199).
Los sublevados se organizaron en un ejército “de cerca de 30 mil hombres, y se llamó grande ejército real y católico” (obra citada, página 203).
De acuerdo con Chateaubriand, “cuando los vendeanos iban a atacar al enemigo, se arrodillaban y recibían la bendición de un sacerdote; la oración pronunciada llevando las armas no se reputaba como debilidad, porque el vendeano que elevaba su espada al cielo pedía la victoria y no la vida” (Memorias de ultratumba, tomo I, página 410).
El 1 de junio de 1793 designaron “un consejo que gobernase el país ocupado por sus tropas; de este consejo era un aventurero que se llamaba obispo de Agra, legado del papa, que bendecía las banderas, celebraba misas solemnes, excitaba el entusiasmo de los vendeanos…” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, tomo V, página 45).
Durante años, los vendeanos se enfrentaron a los republicanos en una cruenta guerra, que describe así Thiers: “los habitantes de la Vendée eran a un tiempo labradores y soldados, y en medio de los horrores de la guerra civil no habían dejado de cultivar sus campos y cuidar de sus ganados teniendo sus armas al lado, ocultas bajo la tierra o entre la paja. Acudían a la primera señal de sus jefes, acometían a los republicanos, desparecían después por entre los bosques, volvían a sus campos y ocultaban de nuevo sus armas y como los republicanos sólo veían campesinos desarmados, no podían mirarles como soldados enemigos” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, Tomo IX, página 87).
El gran Víctor Hugo escribió un relato novelado de la llamada Guerra de la Vendée, que duraría hasta 1796, en su obra El 93, donde leemos: “La Vendée fue una rebelión clerical que tuvo las selvas por auxiliares. Las sombras se auxilian mutuamente…” (Víctor Hugo, El 93, Los amigos de la Historia, Barcelona, España, 1972, página 159).
Explica: “…para la sublevación de tanta gente emplearon un medio sencillo y poco costoso. Detrás del retablo del altar, en el que decía la misa un cura sacramentado, metían un gato grande y negro, que saltaba bruscamente a la parte de fuera durante la misa. “¡Es el diablo!”, gritaban los campesinos, y todo un cantón se sublevaba. Los confesionarios soplaban también en el fuego de la sublevación” (obra citada, página 167). Describe la ferocidad de los monarquistas vendeanos que se enfrentaban a las tropas republicanas: “…en Fontenay, el cura Barbotín tendió en tierra de un sablazo a un anciano. En Saint-German-sur-Ille, uno de sus capitanes, que era noble, mató de un tiro al síndico del ayuntamiento y le robó el reloj. En Machecoul decidieron una vez hacer una monda simétrica de cabezas de republicanos, de 30 cabezas cada día, y la monda duró 5 semanas. A cada cadena de 30 cabezas llamaban ‘el rosario’; bajaban a los republicanos a un foso que habían abierto, la cadena se adosaba a una de las paredes y allí los fusilaban a todos. Los fusilados caían en la zanja, algunos de ellos aún vivos y los enterraban. De estas barbaries y mayores presentaron muchos ejemplos. A Joubert, presidente del distrito, le aserraron los puños. Ponían a los prisioneros azules [soldados republicanos] esposas cortantes, forjadas especialmente para ellos, y los mataban a golpes en las plazas públicas” (obra citada, páginas 168 y 169).
Esas crueldades de los católicos franceses son similares a las que perpetrarían a principios del siglo XX las hordas franquistas y los cristeros mexicanos contra sus enemigos: los defensores de la república y del laicismo.
En 1794, cuando el gobierno de la Revolución trató de iniciar negociaciones con los vandeanos, éstos exigieron condiciones “absurdas”, así las calificó el propio Thiers, como la de proporcionar “pensiones vitalicias para todos los eclesiásticos de la Vendée”, exención de 10 años de impuestos en la región y beneficios no sólo para los vandeanos que habían tomado las armas, sino para los emigrados realistas que conspiraban contra la Revolución.
Finalmente, algunos rebeldes capitularon con condiciones más modestas, como la indemnización de “aquellos cuyas casas habían quedado asoladas [por la guerra]”.
Algunos militares de la República trataron de conciliarse con el clero de la región, como una estrategia para debilitar a los rebeldes, e incluso comenzaron a participar en las ceremonias católicas, y ante los curas pregonaban que quienes se mantenían en armas eran bandidos que “no tienen Dios ni ley”.
Otros, simplemente compraban a los líderes contrarrevolucionarios; uno de ellos, luego de haber recibido 100 mil francos, se separó de sus huestes y los exhortó a dejar las armas “dándoles las razones más a propósito para convencerlos” (Thiers, Historia de la Revolución Francesa, tomo VIII, página 121).
Empero, la pacificación fue difícil porque algunos de los contrarrevolucionarios pactaban motivados o forzados por la circunstancias, pero con el propósito de mantener en secreto su organización y levantarse en armas cuando hubiera otra oportunidad, como uno de esos jefes que, “al ir a firmar, desenvainó el sable y juró volver a las armas a la primera ocasión” (obra citada, página 132).
La revuelta decayó luego de la captura y ejecución de uno de sus principales dirigentes en marzo de 1796, pero 2 años después la insurrección persistía bajo la forma de bandolerismo que perpetraban antiguos vendeanos: “a pesar de que esos salteadores –cuya reproducción anunciaba una especie de disolución social– tuviesen por principal objeto la rapiña, era evidente, según la elección de las víctimas, que tenían un objeto político” (obra citada, tomo XII, página 171).
Así como la derecha mexicana tiene como emblema a los cristeros, la derecha francesa ha tratado de idealizar a los contrarrevolucionarios de la Vendée, al grado de que en febrero de 2007 nueve diputados derechistas presentaron una propuesta de ley para reconocerlos oficialmente como víctimas de un supuesto genocidio.
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México




LAS TRECE ROSAS ROJAS


Monólogos con mi gata Flora.

Se cumplen 74 años del criminal y bárbaro asesinato de las trece Rosas.
Querida Flora, corre el mes de Agosto, un mes en el cual el Sol se vuelve más perezoso y tiritón antes de asomarse indolente y arcano entre celosías por la ventana de Oriente. El mismo Sol que por las tardes se pone triste y levantisco envuelto en un fino manto del color del Membrillo, augurando la inmediatez del Otoño. Mes en el cual el chopo se viste de plata vieja en su soledad junto al río; mes de cabañuelas impredecibles,, de tormentas repentinas y fugaces, de trojes repletos de dorado trigo, y vides henchidas de dulce néctar, cual eterna promesa de noches oníricas y días postrados ante Baco y Dionisio.
Ay, mi niña Flora, estoy razonando como la vieja y melancólica campesina que llevo dentro. Triste y pobre preámbulo, éste, antes de abordar el tema que aquí nos trae: el violento, canalla y sanguinario asesinato de trece muchachas. Las Trece Rosas como el imaginario colectivo las denominó. Un drama que estas trece jóvenes apenas salidas de la adolescencia tuvieron que sufrir, en una desolada y amarga madrugada del día 5 de Agosto de 1939.
Tengo mucho miedo, a que todo lo que yo pueda decir ahora, tantos años después no sea nada más que un pálido reflejo del inmenso drama que estas mártires tuvieron que sufrir.
No obstante quiero pensar que para que estas jóvenes no vuelvan a morir de nuevo cada 5 de Agosto hay que escribir sobre ellas, contar su historia, y darla a conocer a la inmensa mayoría de mujeres y hombres que aún no la conocen.

Pues la criminal y feroz dictadura fascista de Franco, tuvo mucho cuidado en silenciar y esconder durante muchos años ésta vil y feroz tropelía.
No podemos ni debemos olvidar a las miles, y miles de mujeres que un día lucharon con generosidad y entrega por la República, y por un mundo mejor, más justo, más igualitario y fraternal entre los seres humanos.
Las actuales y futuras generaciones de mujeres, hemos de ser conscientes de la indeleble deuda, y el innegable compromiso que históricamente tenemos contraído con todas aquellas valientes y abnegadas mujeres, que con su arrojo sufrimiento, lucha y en último término con su vida nos brindaron su testimonio, y nos dejaron la antorcha del relevo para seguir luchando por el mundo que ellas apenas pudieron vislumbrar: un mundo mejor en igualdad de condiciones y derechos, entre hombres y mujeres y entre todos los humanos del mundo sin distinción de sexo, raza o creencias.
Las trece mártires, supieron bien pronto que la justicia y la igualdad, y todos los derechos inherentes a estos dos conceptos no basta con pedirlos, también hay que luchar para arrebatárselos a nuestro enemigo común, que no es otro que el sistema Patriarcal, capitalista e imperialista.

El sistema que en sus entrañas lleva el germen de la violencia, la explotación, la guerra, el expolio, la voracidad y el genocidio.
Un sistema, que históricamente ha hecho del machismo su brazo armado con el propósito de mantener a la mujer doblegada, vencida e ignorada, para de esa forma hacerla más dúctil y sumisa, ante los mandatos y los dogmas religiosos, sociales y 
Este sistema, que tanto clama por la democracia y las libertades, y dentro del cual la consecución de unos derechos de mínimos nos conlleva décadas de lucha y sufrimiento como en el pasado más reciente de nuestro País, es el mismo que con sólo una legislatura, o cambio de títeres le basta y le sobra, para sin el menor rubor o vergüenza, poder arrebatarnos todo lo que tanto nos ha costado conseguir.
Así pues, querida Flora, pedir justicia e igualdad desde dentro del sistema, es como diría mi abuela” pan para hoy y hambre para mañana”.
Éste sistema no consiente que seamos libres e guales, por lo tanto lo que tenemos que hacer es combatir el sistema, destruirlo, y eliminarlo, para construir otro nuevo, más justo y solidario.

Donde la igualad entre hombres y mujeres no sea de mentirijillas, como sucede ahora, que nos dicen que somos libres e iguales pero para según qué cosas, por ejemplo: para formar parte de la tropa de un ejército que sólo sirve para hacer la guerra y para originar gastos astronómicos en armamento militar empobreciendo más si cabe, los pueblos y las naciones del mundo; iguales para formar parte de de una jauría de políticos MEDIOCRES, aprovechados, comodones arribista, conformistas y a veces corruptos; Iguales para dirigir un Banco o el Fondo Monetario Internacional, organismos todos ellos, responsables de la desolación el empobrecimiento la miseria, el hambre y sufrimiento de miles de millones de seres en todo el planeta.
Ninguna mujer consciente de su situación actual, y de todo a aquello por lo que en el futuro tiene y debe luchar si quiere conquistar el papel que le corresponde en una sociedad más justa, puede aspirar a ser una Margaret Tacher o una Ángela Merkel . 
Sobre todo si tenemos presente que entre tanto, y por culpa de las reglas de juego impuestas por el sistema patriarcal, las mujeres seguimos siendo las víctimas propiciatorias en el altar que en la prehistoria los gurús de la propiedad privada, primer eslabón de lo que hoy conocemos como capitalismo, levantaron para nosotras y en nuestro nombre.
Cada vez más, la mujer sufre vejaciones, malos tratos físicos y psicológicos. El terrorismo domestico se está haciendo cada día más fuerte, con una media de tres mujeres asesinadas a la semana. La mujer se encuentra cada vez más indefensa e inerme, en lo jurídico, lo social y lo económico.
A las trece Rosas, la igualdad les explotó en la cara, en una cruda madrugada madrileña. Entre remolinos de estrellas y una República a la sombra, trece soles cabalgando, sin las bridas ni vacado, regatos de sangre empapando aquella tierra quemada, entre manos rotas, y ojos fuera de sus orbitas, la boca bacía de palabras, fuego fatuo, y un nido de brasas. En las entrañas, que en el futuro hubiesen podido ser, barbecho y tempero, presto a la siembra temprana, ahora sólo hay garduños serpientes y metralla.
Para estas trece muchachas, la igualdad frente a los hombres, se midió con el equivalente a su premura y valor a la hora de poner su existencia en la balanza de la vida y la muerte, prefirieron morir antes de vivir siendo esclavas. Viva la República.

Francisca Lorenzo Rodríguez.

MATILDE LANDA

Matilde Landa, la mujer que prefirió la muerte al bautizo

La dirigente del PCE se suicidó en el penal de Mallorca en septiembre de 1942 el día en el que el régimen franquista había organizado su conversión al catolicismo

Matilde Landa prefirió la muerte. La dictadura franquista ofreció a la dirigente comunista mejoras en la alimentación de los hijos de las presas del penal de Mallorca a cambio de su bautismo y conversión al catolicismo. Matilde eligió sus principios. El 26 de septiembre de 1942, día que estaba prevista la ceremonia de bautismo, Landa se precipitó por la terraza hacia el patio interior de la prisión. Se suicidó. En los 45 minutos que duró la agonía de Landa, completamente inconsciente, las autoridades eclesiásticas de Illes Balears aprovecharon para bautizarla en articulo mortis.
Minutos antes de su suicidio, Landa escribió una carta a su hija donde, de manera encubierta, se despedió de ella rogándole perdón. La ceremonia de su bautizo ya estaba preparada. "Hoy es el gran día, dicen. Doña Bárbara, otras señoras de Acción Católica y las monjitas andarán relamiéndose con el triunfo. El dolor del pecho no me deja pensar, Carmencilla; pero no creo que el aceite alcanforado alivie mi sufrimiento, porque otro dolor, más hondo, es el que me acucia (...)".
"No puedo ver sin llorar los rostros de esos niños a los que amenazan con dejar sin leche si yo no me convierto -prosigue la misiva- Tú sabes, Camencilla, lo mucho que me preocupan los niños, los más desgraciados, con sus corazoncitos, tan sensibles y tan a merced de los caprichos de los mayores. No puedo, no puedo aceptarlo. Sería como prostituirme. Ay, esos niños... ¿Será lo mío un capricho? (...) Quien sobra soy yo. (...) Espero que me sigas queriendo y que te acuerdes de mí a pesar de lo que te cuenten, a pesar de lo que voy a hacer. Que tú, mi niña, mi chiquitina, y esos pobres niños me perdonéis", escribió Landa antes de su suicidio en una carta que recoge Antoni Tugores en la obra Víctimes invisibles.
En esa misma misiva, Matilde Landa recordaba lo mucho que echaba de menos leer los versos que el poeta Miguel Hernández le había dedicado. Hernández y Landa se conocieron cuando, en 1938, la mujer formaba parte de la sección de información popular del subsecretariado de Propaganda del Gobierno Republicano y recorría la España republicana organizando conferencias para levantar la moral a los combatientes republicanos.

‘A Matilde' de Miguel

"En la tierra castellana 
el castellano caía 
con la voz llena de España
 y la muerte de alegría.

 Para conseguir la libertad de sus hermanos
 caen en los barbechos los más nobles castellanos.

 No veré perdida España
 porque mi sangre no quiere.
 El fascismo de Alemania 
junto a las encinas muere.

 Para hacer cenizas la ambición de los tiranos 
caen en las trincheras los más nobles castellanos.

 Españoles de Castilla
 y castellanos de España
 un fusil a cada mano
 y a cada día una hazaña.

 Voy a combatir al alemán que nos da guerra
 hasta conquistar los horizontes de mi tierra".
Eran los años en los que la popularidad de Matilde Landa crecía sin parar. Un año antes, en 1937, Matilde había sido voluntaria en el Socorro Rojo Internacional, donde colaboró en la evacuación de Málaga. Cuando estalló la Guerra, Landa se incorporó a las tareas sanitarias en un hospital de guerra de Madrid. El activista italiano Vittorio Vidali "Comandante Carlos" había señalado que si tuviera que escribir la historia de la Guerra Civil española bastaría con dos biografías: la de Antonio Machado y la Matilde.

Condenada a muerte

Con la victoria del ejército de Francisco Franco sobre la República, Matilde Landa se quedó en Madrid para reconstruir desde dentro el PCE. El 4 de abril de 1939 fue detenida mientras preparaba la huida de dos compañeros del partido. Tras ser sometida a un Consejo de Guerra, fue condenada a muerte. Antes, le habían ofrecido salir libre si renegaba públicamente del PCE. También se había negado.
Condenada a muerte, Matilde ingresó en la cárcel de Ventas de Madrid, donde permanecían alrededor de 10.000 presas. Desde dentro, con el permiso de la directora de la prisión, compañera de la residencia de estudiantes, montó la llamada Oficina de Penadas, que se encontraba en su misma celda. Se trataba de una máquina de escribir en la que Matilde escribía recursos para que sus compañeras no fueran fusiladas una vez escuchados sus casos.
En poco tiempo se convirtió en la reclusa más carismática. La joven comunista se había convertido en un símbolo de dignidad y resistencia para sus compañeras reclusas. Un amigo de la familia, cercano al régimen franquista, intercedió para que no fuera ejecutada. A cambio, el régimen la condenó a 30 años de prisión que debían cumplirse fuera de la península. Fue entonces cuando trasladaron a Landa a Mallorca. Era el mes de agosto de 1940.
Landa se convirtió entonces en el objetivo propagandístico de la Iglesia balear. Su conversión al catolicismo sería una gran arma propagandística y minaría la moral de los vencidos. No bastaba con vencer. Había que humillar y convertir a los derrotados. Matilde fue apartada del resto de presos y sólo podía hablar con Bárbara Pons, de Acción Católica, quien se encargaba de que finalmente aceptara la conversión al catolicismo. Matilde Landa prefirió la muerte.

dissabte, 3 d’agost del 2013



miércoles, 17 de julio de 2013

LOS ESTUDIANTES DE LA CIA


LOS ESTUDIANTES DE LA CIA
Breve informe sobre la política internacional de los estudiantes y la guerra fría con especial referencia a la NSA, CIA, &c.

Durante años –se ha dicho que a través del mandato de cuatro presidentes: Truman, Eisenhower, Kennedy y Johnson– la CIA ha controlado, por medio de subvenciones financieras, varias organizaciones culturales, sindicales y jurídicas de los Estados Unidos. Entre ellas se citan asociaciones estudiantiles, el Congreso para la Libertad de la Cultura y las agrupaciones de la central A.F.L.-C.I.O. La información sobre estas actividades la ha ofrecido una gran revista católica, Ramparts, a quien Triunfo ha adquirido los derechos de reproducción exclusiva en España de su ya sensacional reportaje. Se trata de un documento de importancia capital que reproducimos en su totalidad. Al ser conocido en los Estados Unidos ha provocado un vasto movimiento de inquietud y de indignación por parte de la opinión democrática. Por este texto se revela un capítulo más de las actividades que dentro y fuera de las fronteras norteamericanas desarrolla la poderosa CIA., un Estado secreto en el seno del Estado fundado por Jorge Washington.
Número de marzo de la revista norteamericana Ramparts, en el cual aparece el informe que publicamos
I. UN POCO DE HISTORIA
Ya existían indicios de Guerra Fría en agosto de 1946, cuando 300 estudiantes de 38 países diferentes se reunieron en la Sala de los Artistas, de Praga, con el fin de celebrar el primer Congreso Mundial de Estudiantes. Entre los delegados se encontraban unos 24 americanos (muchos de ellos veteranos de la S.G.M.), en representación de diversas organizaciones juveniles y estudiantiles y de diez de las más prestigiosas universidades del país. En el Congreso, los comunistas constituían una mayoría, y surgieron disputas en torno al papel que debían representar las organizaciones de estudiantes internacionales. No obstante, el Congreso terminó sus tareas en un ambiente de fraternidad, con una apelación a favor de una ulterior cooperación tendente a constituir una organización estudiantil internacional verdaderamente representativa. Este deseo se haría muy pronto realidad con la creación de la Unión Internacional de Estudiantes. Los delegados americanos, a los que se llegó a conocer con el apelativo de «los 25 de Praga», regresaron a casa completamente convencidos de que había que crear una organización nacional que pudiese representar convenientemente a la comunidad de estudiantes de Estados Unidos en el mundo estudiantil internacional. Establecidos como comité organizador, los 25 de Praga solicitaron una conferencia nacional de estos dirigentes estudiantiles, con vistas a la organización de una nueva unión nacional de estudiantes. Y triunfaron en su empeño. En el verano de 1947, una nueva entidad, conocida por el nombre de United States National Student Association (NSA), celebró su Convención Constitucional en Madison, Wisconsin. Por aquel entonces, la atmósfera de la U.I.E. se había vuelto mucho más procomunista que cuando la reunión de Praga. Sin embargo, la ruptura oficial entre la NSA y la U.I.E. no tuvo lugar hasta después del golpe de estado comunista en Checoslovaquia, y como protesta porque la U.I.E. se negó a condenar los malos tratos infligidos por los comunistas a los estudiantes checos.

Finalmente, en 1950, la NSA se reunió en Estocolmo con otros 18 grupos estudiantiles nacionales con vistas a la creación de una nueva organización estudiantil internacional, a la que se denominó «Conferencia Estudiantil Internacional». En el curso de las primeras sesiones, una mayoría abrumadora de delegados se oponía a la concepción de la C.E.I. como “un rival” creado para combatir a la U.I.E. y al comunismo. Los delegados que participaron en la primera Conferencia de la C.E.I. deseaban evitar cualquier polémica de tipo político y, con ello, un nuevo cisma en el mundo estudiantil internacional.
La nueva organización internacional creció de forma impresionante. A mediados de los años cincuenta, más de 55 uniones nacionales de estudiantes pertenecían a la Conferencia (y más de la mitad de los delegados eran de países del “Tercer Mundo”). Además, la C.E.I. tenía ya a su disposición un enorme presupuesto destinado a la asistencia técnica, a la educación y a los intercambios estudiantiles. La C.E.I. empezaba a marcar el paso de la política estudiantil internacional, y la NSA estaba a punto de convertirse en la fuerza más poderosa dentro de la nueva organización internacional.
A medida que fue creciendo la C.E.I., los estudiantes de los países subdesarrollados aumentaron sus presiones para que la organización definiese sus puntos de vista en torno a problemas políticos tan candentes como el colonialismo y el racismo. Y entonces correspondió a la delegación de la NSA hacer de mediador y tratar de convencer a los extremistas de que la C.E.I. debería ocuparse sólo de los problemas de los “estudiantes en tanto que estudiantes”.
En cierto sentido, se puede decir que fue precisamente la natural evolución de la C.E.I. la que hizo que aumentaran los problemas. La mayoría de las uniones estudiantiles, adheridas en un principio a la organización por resentimiento contra la U.I.E., fueron separándose de ella gradualmente cuando, en parte por influencia de la NSA, la C.E.I. adoptó también una postura propia de la Guerra Fría. En 1960, las cosas habían empezado a cambiar: la U.I.E decidió realizar gestiones con vistas a una reunificación del movimiento estudiantil internacional, mientras que la C.E.I., con la NSA al frente, adoptó una postura intransigente y poco propicia a la negociación.
En 1960, había más de 400 escuelas afiliadas a la NSA. Sus operaciones eran cada día más numerosas y, consecuentemente, mayor también su presupuesto. Aunque los ingresos procedentes de las cuotas de los miembros constituyentes de la NSA eran más bien reducidos, ésta consiguió el apoyo económico de unas cuantas fundaciones norteamericanas. La mayor parte de los ingresos de la NSA se destinaban a sus operaciones internacionales. La NSA organizaba anualmente seminarios de relaciones internacionales, concedía becas a los estudiantes extranjeros, y aún le quedaba suficiente dinero para los viajes de los miembros de su comisión internacional y de sus representantes en el extranjero. A pesar de la democracia formal de la NSA, eran pocos los contactos entre sus operaciones en el extranjero y sus actividades locales.
En los Congresos de la NSA participaban gran número de estudiantes como delegados de las escuelas miembros. Delegados que apenas si sabían algo de las operaciones realizadas anualmente por los representantes de la NSA en el extranjero. De los asuntos internacionales y de las operaciones del personal internacional de la NSA, se encargaba una élite que con su esotérica experiencia podía manejar a voluntad el resto del Congreso. Los representantes de la NSA en el extranjero y los delegados de la C.E.I. no eran elegidos nunca por el Congreso de la NSA.

La NSA ha mostrado siempre dos caras. Sus programas domésticos, sus congresos y sus reuniones regionales han sido siempre abiertos y espontáneos. Y aunque los dirigentes nacionales de la NSA demostraron de vez en cuando un exceso de precaución, solían hacerse eco de las corrientes de opinión liberales de los estudiantes americanos.
En los años cincuenta, la NSA adoptó posturas mucho más liberales de lo que se hubiese podido suponer a juzgar por la apatía entonces reinante entre los estudiantes. Y a partir de 1960, empezó a contagiarse del ambiente de protesta característico de la vida universitaria  de aquellos años. Apoyó a los estudiantes contra la conscripción, se opuso a la guerra del Vietnam y participó en las luchas en pro de los derechos civiles. Desempeñó un papel decisivo en la formación del Student Nonviolent Coordinating Committee, convirtiéndose en uno de sus más fieles defensores, lo que supuso la afiliación de muchas escuelas en 1961. Sin embargo, muy otra ha sido la imagen de la NSA en el extranjero. A pesar de su retórica liberal, los representantes de la NSA en el extranjero parecían más bien diplomáticos profesionales que estudiantes; había en ellos cierta reserva, casi dureza, que contrastaba desagradablemente con su espontaneidad dentro del país.
A la vista de todo esto, no es extraño que muchas personas, al criticar a la NSA, hayan señalado con sospecha sus operaciones internacionales. Como tampoco lo es el que algunos componentes del ala izquierda de la NSA, como Paul Potter (elegido en 1961 vicepresidente de los asuntos nacionales y, posteriormente, presidente de la organización Students for a Democratic Sociey”), revelasen que siempre habían sospechado la existencia de unos vínculos especialmente estrechos entre las operaciones internacionales de la NSA y el Departamento de Estado. Pero muy pocos, hasta la fecha, han planteado una cuestión aún más siniestra: las relaciones entre la CIA y la NSA.
II. EXTRAÑA FINANCIACIÓN
Es del dominio público que la CIA tiene unas cuantas fundaciones que utiliza como frentes directos y, a veces, como «conductos» secretos para canalizar su dinero hacia aquellas organizaciones que gozan de su simpatía. Un esquema del radio de acción de esta trama financiera nos la dio el congresista tejano Wright Patman el 31 de agosto de 1964, al anunciar, en el curso de una investigación sobre el empleo de las fundaciones para la evasión de impuestos, que el J. M. Kaplan Fund, de Nueva York, servía de conducto secreto para los fondos de la CIA. Tan pronto como Patman hizo la declaración, varios representantes de la CIA y del International Revenue acudieron a su oficina para celebrar con él una conferencia. Patman estaba, al parecer, satisfecho de los resultados. Sin retractarse de sus alegatos sobre el Kaplan Fund, anunció: “… La CIA no está incluida en esta investigación”.
Sin embargo, antes de correr otra vez la cortina del secreto, Patman reveló, por lo menos, un hecho muy significativo. Resultaba que cierto número de Fundaciones habían contribuido al Kaplan Fund durante los años decisivos del 1961 al 63, cuando dicho Fondo estaba al servicio de la CIA. Cinco de estas fundaciones ni siquiera estaban en la lista de las exentas de impuestos del International Revenue Service. Eran éstos: el Borden Trust, el Price Fund, el Edsel Fund, el Beacon Fund, y el Kentfield Fund. De todo lo cual se deducía que alguna de las cinco fundaciones, si no todas, era el canal por el que el dinero de la CIA pasaba a los cofres de la fundación Kaplan.

En una conversación sostenida recientemente con el presidente de una prominente Fundación de Nueva Inglaterra, que prefirió quedar en el anonimato, Ramparts pudo averiguar el sistema por el que la CIA se vale para sus fines de fundaciones legítimas con intereses liberales. «Yo no quería ver mi Fundación arrastrándose por el fango de la CIA. En 1965, dos hombres de la CIA trataron de establecer contacto con nosotros. Pidieron permiso al presidente de la Fundación para examinar la lista de las organizaciones por ella subvencionadas. El presidente les enseñó la lista que habían solicitado, y los agentes de la CIA le comunicaron que había varias organizaciones a las que también ellos querían prestar su apoyo. 2Buscamos una alternativa al comunismo y deseamos apoyar los programas de terceras fuerzas, lo que sería imposible si se supiese que este apoyo procede de una fuente gubernamental”.
Los hombres de la CIA propusieron entonces subvencionar a algunas de las organizaciones de la lista y sugirieron que podía extenderse este apoyo económico a otras organizaciones.
Los agentes prometieron que, si se aceptase tal arreglo, ellos podían canalizar el dinero de la CIA hasta la fundación, sin que llegase nunca a descubrirse su procedencia. Adujeron que ya tenían bastante experiencia.
Sin embargo, el presidente llevó la propuesta directamente a la junta y ésta rechazó por una mayoría de cuatro a uno. ¿La razón? Según el presidente, “un sentido de la moral muy del siglo pasado. No nos gustaba lo secreto del asunto”.
Los fondos que, según la investigación de Patman, no eran sino canales de la CIA, pueden ayudarnos a comprender el porqué de parte de los ingresos de la NSA. Como se ve, están extendidos por todo el país (Borden, en Filadelfia; Price, en Nueva York; Beacon, en Boston; Kentfield, en Dallas, y Edsel, últimamente, en San Francisco). Un reportero de Ramparts, que se decidió a comprobar las direcciones indicadas por las Fundaciones, se encontró con que muchas veces no se trataba más que de un pequeño despacho de abogado en el que nadie deseaba hablar de los Fondos. Dos Fundaciones que han financiado parte de los programas internacionales de la NSA –la J. Frederick Brown Foundation y la Independence Foundation, han estado recibiendo contribuciones regulares de cuatro de los Fondos relacionados con la CIA: Price, Borden, Kentfield y Edsel. Las fundaciones Frederick Brown e Independence tienen su sede en la misma dirección: 60 State Street, Boston, donde también está ubicada la prestigiosa firma jurídica Hale and Dorr. Paul F. Hellmuth, conocido procurador de Boston y miembros de Hale and Dorr, y David B. Stone, hombre de negocios y filántropo de Boston, son los administradores de la Independence Foundation. Hellmuth sólo administra la J. Frederick Brown Foundation.
De las dos, la J. Frederick Brown es la menos importante como fuente de gran parte de los ingresos de la NSA. Su contribución a la NSA, fue, en 1963, de 3.300 dólares solamente. Al mismo tiempo subvencionó, entre otras organizaciones con intereses en el extranjero, a la “American Friends of the Middle East” (Amigos Americanos del Oriente Medio). En un artículo publicado en “The Nation” (9 de mayo de 1966), Robert G. Sherrill aventuraba la hipótesis de que la “American Friends” tuviese algo que ver con la CIA. Alegato que no negó ningún funcionario de la Administración.

Por lo que respecta a la NSA, la Independence Foundation es el más importante de los dos intereses de Mr. Hellmuth. La Independence fue declarada exenta de impuestos en 1960. Desde entonces, la mayor parte de sus fondos proceden de otros trust y Fundaciones. En 1962, por ejemplo, la Independence Foundation recibió un total de 247.000 dólares, de los que sólo 18.500 procedían de particulares o de corporaciones; el resto era de otras Fundaciones. Y de ese resto, 1.000.000 de dólares constituyen la aportación de los cuatro Fondos citados en la investigación Patman.
Entre 1962 y 1965, la NSA recibió de la Independence 256.483,33 dólares como donativos para sus programas internacionales. La mayor parte de esa suma se utilizó para sufragar los Seminarios Internacionales de Relaciones Universitarias, «extravagancias» anuales que servían como campos de entrenamiento para los futuros dirigentes internacionales de la NSA.
La NSA sigue dependiendo en gran parte de la generosidad de la Independence. El edificio en que está instalado actualmente el cuartel general de la NSA ha sido cedido por quince años y libre de rentas a esta organización.
Poco después de que, en otoño del 65, la NSA se trasladase a sus nuevas oficinas de Washington, un reportero del «Washington Post» que estaba escribiendo, a la sazón, un artículo sobre la NSA, preguntó a su presidente, Phil Sherburne, quién era el que pagaba las rentas del edificio. Sherburne se negó a divulgar esta información. Claro está que aquel velo de misterio en torno a los nombres de los benefactores no nos debe extrañar en absoluto. De hecho, la NSA no ha rendido nunca cuentas de sus ingresos o sus gastos, ni siquiera en sus congresos.
La Independence Foundation ha apoyado las operaciones de la NSA en el exterior por otros medios indirectos. Por ejemplo, concediendo becas a antiguos funcionarios de la NSA, becas por un importe de unos 3.000 dólares anuales. El objeto de estas becas era permitir que ex funcionarios de la NSA actuasen como representantes en el extranjero, lo que les facilitaba los contactos con las uniones estudiantiles de otros países, pudiendo actual, de esta forma, como agentes libres de la NSA.
En teoría, los representantes en el exterior habían de estar destacados en universidades extranjeras, pero solamente en teoría.
La Independence no ha limitado su generosidad a la NSA. En el período entre 1961 y 1965 dicha Fundación gastó más de 180.000 dólares en la financiación de una interesante operación, conocida bajo el nombre de Independent Research Service (Servicio Independiente de Investigaciones). Era esta la organización que les hizo la vida imposible a los organizadores de los festivales mundiales de la juventud, dominados por los izquierdistas, y que se celebraron en Viena (1959) y en Helsinki (1962). El Independent Research Service envió al Festival a una delegación compuesta por varios centenares de americanos jóvenes para contrarrestar a los comunistas. El IRS sufragó los gastos de todos lo delegados y envió a un grupo de jazz, organizó una exposición de famosos pintores americanos y financió un periódico diario, editado en cinco idiomas.
Aunque era postura oficial del Congreso de la NSA no asistir a los festivales de la juventud, varios funcionarios y ex funcionarios sobresalientes de la NSA participaron plenamente en las actividades desarrolladas por el IRS en Viena y Helsinki. Cuando se celebró el Festival de Helsinki era director del IRS Dennis Shaul, que, poco después, fue elegido presidente de la NSA.
Shaul recibió también, en 1964, una de las “becas” de la Independence.
Cuando un reportero de Ramparts preguntó a Mr. Hellmuth por las actividades y las fuentes de ingresos de su Independence Foundation, éste, hombre generalmente muy abierto, se negó a divulgar las direcciones o cualquier otro tipo de información que tuviese algo que ver con el dinero recibido por sus dos Fundaciones. Sin embargo, Hellmuth se explayó sobre su amistad con varios funcionarios de la NSA.

Otra de las Fundaciones que han aportado a la NSA es la de Sidney and Esther Rabb Charitable Foundation, de Boston. Es sorprendente la similitud entre la Rabb Foundation y el J. M. Kaplan Fund. Rabb, al igual que Kaplan, es un hombre de negocios, de origen judío, y muy conocido en los círculos demócrata liberales del país. Se ha podido comprobar que hasta 1963, la Rabb Foundation tuvo solamente una fuente de ingresos: el propio Rabb. Y hasta este año, los donativos procedentes de dicha Fundación fueron mínimos y dedicados, casi en su totalidad, a obras de beneficencia locales.
Pero en 1963, llegaron a la Fundación Rabb dos contribuciones procedentes del Price Fund de Nueva York –una de los fondos a que alude la investigación de Patman, y la otra, de un contribuyente a las Fundaciones J. Frederick Brown e Independence–. Los donativos eran por un importe de 25.000 y 15.000 dólares, respectivamente. Y ese mismo año, la Rabb Foundation hizo, a su vez, dos importantes donativos por las mismas cantidades, precisamente, uno de 25.000 dólares a “Operations and Policy Research Incorporated”, organización de estrategia orientada hacia la Guerra Fría; y otro, de 15.000 dólares, a la Fundación Fairfield. La Fairfield ha contribuido, por su parte, en varias ocasiones, a los fondos del Congreso por la Libertad de la Cultura, que según “The New york Times”, había sido ya subvencionado en varias ocasiones por la CIA.
Durante 1964 la Rabb Foundation volvió a recibir contribuciones, esta vez procedentes de tres Fondos, y a efectuar después desembolsos de cantidades equivalentes. Recibió 25.000 dólares del Tower Fund e hizo después un donativo de 25.000 dólares también a la International Development Foundation, ente que se ha encargado, entre otras cosas, de la organización, en Latinoamérica, de uniones anticomunistas de campesinos. Participó de forma activa en la República Dominicana durante el periodo de revoluciones de este país. La Rabb Foundation recibió asimismo una contribución por un total de 20.000 dólares, procedentes del Appalachian Fund, y en ese mismo año hizo un desembolso de 20.000 dólares también a favor de la Sociedad Americana de Cultura Africana. Por último, la Rabb Foundation recibió 6.000 dólares del Price Fund, y en el curso del mismo año donó (parece hasta increíble) 6.000 dólares a la NSA, para ayudarla a superar un déficit. En 1965, Rabb hizo, por lo menos, otro donativo a la NSA por valor de 5.000 dólares.
No siempre es fácil obtener información en torno a las Fundaciones que han subvencionado las operaciones internacionales de la NSA. Tomemos como ejemplo a la San Jacinto Foundation. En el pasado, la San Jacinto no sólo ha contribuido con ingentes cantidades de dinero al programa internacional de la NSA, sino que también ha apoyado con sus importantes donativos el programa presupuestario de la ISC. Ha sido, especialmente, generosa, al financiar The Student, publicación de la ISC, editada en cinco idiomas y que se distribuye por todo el mundo, en su calidad de arma anticomunista.

Otro hecho de interés referente a la San Jacinto Foundation es que, al igual que la J. Frederick Brown Foundation, aquélla ha contribuido a los fondos de la organización “Amigos Americanos del Medio Oriente”, sospechosa de pertenecer a la CIA.
Sin embargo, nadie en la NSA o en la C.E.I. parece tener la menor idea de lo que es la San Jacinto Foundation, de quiénes son sus directores y de dónde procede su dinero. La San Jacinto, al parecer, ha conseguido evitar los informes que exige la ley a todas las Fundaciones exentas de impuestos. La San Jacinto no está registrada en la oficina de distrito del International Revenue Service, de Austin (Servicio de Rentas Internacional), ni en la secretaría del Estado, de Tejas.
La San Francisco recibe su correspondencia en las oficinas de F. G. O'Conner, situadas en el edificio San Jacinto, de Houston. Mr. O'Conner es secretario de la Fundación. Al ser interrogado sobre la Fundación por un corresponsal de Ramparts, Mr. O'Conner, sesenta y tantos años, pelo blanco, aspecto distinguido, replicó: “Es una Fundación privada y cerrada, nunca quiso ni quiere publicidad”.
Pero el principal apoyo de las operaciones de la NSA en el exterior lo ha brindado, desde su fundación, en 1952, la «Fundación para Asuntos de la Juventud y de los  Estudiantes», de Nueva York (FYSA). Esta, a diferencia de la Independence y la San Jacinto, si tiene sus oficinas propias, un equipo de trabajo y una junta directiva extremadamente respetable.
En el curso de los últimos años, la FYSA ha engrosado con cientos de miles de dólares anuales el tesoro de la NSA. La cifra que cubre el periodo desde octubre de 1965 hasta octubre de 1966 es de 292.753,60 dólares. Esta suma incluía un donativo de administración general por un importe anual de 120.000 dólares y la financiación de la revista de la NSA, The American Student, así como la participación de estudiantes extranjeros en los congresos de la NSA, proyectos de asistencia técnica, &c. De estos fondos procedía también la contribución de la NSA a la C.E.I.
Además, la FYSA se encargaba siempre de cubrir cualquier déficit que registrara la NSA y, actualmente, la FYSA sigue concediendo «becas» a ex funcionarios de la NSA para que puedan realizar estudios en el extranjero.
La FYSA es asimismo el principal canal de que se valen los Estados Unidos para apoyar económicamente a aquellas uniones nacionales de estudiantes que gozan de la simpatía de la directiva de la NSA. Y la FYSA ha sido prácticamente la única fuente de apoyo exterior, si se exceptúa a la misteriosa San Jacinto Foundation, con que ha contado siempre la ISC para sus programas. Entre 1962 y 1964, como demuestran los anales de la ISC, estas dos fundaciones solamente (sobre todo la FYSA) aportaron más del 90 por ciento del presupuesto de los programas de la ISC, presupuesto astronómico de 1.826.000 dólares. Sin el apoyo de la FYSA, la ISC sería literalmente impotente en tanto que organización internacional.

El secretario ejecutivo de la FYSA es Harry Lunn, de unos treinta años, alto, de rostro rubicundo y con poco pelo en la cabeza, que, en su época de presidente de la NSA, hizo varias peticiones de donativos a la Fundación que ahora dirige. Lunn negó rotundamente la sugerencia de que su Fundación estuviese encargada de canalizar el dinero que la CIA destinaba a la NSA. Sin embargo, no quiso hacer para esta revista un informe económico.
Terminada su presidencia de la NSA (1954-1955), Lunn formó parte de una delegación enviada por la C.E.I. al Sudeste de Asia. Posteriormente trabajó en el Departamento de Defensa Norteamericano. Después estuvo empleado en la Embajada de USA en París y en la Agency for International Development (Agencia para el Desarrollo Internacional), participando en la preparación de los programas de la Alianza para el Progreso. En 1965 pasó a la FYSA. Lunn tomó parte también, mientras trabajaba en el Departamento de Defensa, en las actividades desarrolladas por el Independent Research Service (un organismo radicalmente anticomunista) en el festival de la Juventud de Viena de 1959.
 La carrera de Lunn sirve para explicar las íntimas relaciones existentes entre la NSA, la política estudiantil internacional y la Guerra Fría. Y es vivo ejemplo de un “slogan” que había en el antiguo cuartel general de la NSA en Filadelfia: “El dirigente estudiantil de hoy es el dirigente político de mañana”.
III. UNA CONVERSACIÓN EXTRAORDINARIA
La escena: un restaurante, estilo continental, con muy pocas luces en el interior, en la Connecticut Avenue de Washington D. C. Era un mediodía de la tercera semana del mes de marzo del 66 y, en una de las mesas, se estaba celebrando una conversación que iba a dar como resultado la revelación de las infiltraciones de la CIA en la NSA, infiltraciones que habían empezado quince años antes.
En la conversación participaban dos personas. Una de ellas, Phil Sherburne, presidente de la NSA de 1965 a 1966. De constitución atlética, rubio, con gran autodominio, la presidencia de la NSA no era sino la más reciente etapa en su meteórica carrera en el campo de la política estudiantil. Su interlocutor era Michael Wood, veintitrés años, jefe del departamento de desarrollo de la NSA. Wood había hecho también una rápida carrera. Salió del Pomona College como «senior», para trabajar en Watts en pro de los derechos civiles. Uno de los proyectos realizados por él a tal fin llamó la atención de un funcionario de la NSA. En la primavera de 1965, Wood fue nombrado consultor de la NSA para convertirse, al poco tiempo, en director del departamento de desarrollo de la NSA. Además de recaudar fondos para la NSA, Wood ayudó a Sherburne a llevar a cabo nuevos programas, siendo incluso consultado por funcionarios de la Casa Blanca en torno a las propuestas presidenciales de reclutamiento y edad mínima para poder ejercer el derecho de votación. Llegó incluso a recibir una carta de Douglas Cater, ayudante especial del Presidente, en la que le felicitaba por sus excelentes informes.
Wood se había reunido con Sherburne en aquel restaurante de Washington porque estaba preocupado. No había encontrado nada más que obstáculos en sus intentos por recaudar fondos para la NSA. Le había molestado especialmente la falta de interés de los demás miembros del equipo internacional de la Asociación por todo lo referente a la recaudación de fondos de Fundaciones nacionales. Las cantidades de dinero necesarias ascendían muchas veces a cientos de miles de dólares, y, sin embargo, las propuestas sometidas a las Fundaciones que prestaban su apoyo al programa internacional de la NSA se hacían siempre muy a la ligera. Además se quejaba porque el presidente Sherburne negociaba con las Fundaciones sin contar con Wood.
Después de seis meses de aguantar todo esto, Wood le dijo a Sherburne, con el que había intimado bastante, que, o bien se le hacía enteramente responsable del programa de recaudación de fondos, o se vería obligado a dimitir. Fue entonces cuando Sherburne le invitó a un íntimo almuerzo-conferencia. Ahora transcribiremos lo que, según Wood, se discutió en aquella ocasión y en otras subsiguientes:
Sherburne empezó por hablarle a Wood de “ciertos lazos existentes ante la NSA y diversas agencias gubernamentales encargadas de las relaciones internacionales”, de todo lo cual Wood no sabía ni palabra. Esta era, le explicó Sherburne, la razón por la que él, Wood, no podía tener enteramente la responsabilidad de las recaudaciones de fondos de la NSA. Wood se mostró sorprendido. “¿Quieres decir la CIA?”, le preguntó a Sherburne. Y éste hizo una señal afirmativa con la cabeza. A continuación, Sherburne le dijo a Wood que, en realidad, al nombrarle para el cargo de jefe de departamento de desarrollo tenían que haberle informado de las relaciones entre la NSA y la CIA y que si no lo habían hecho era porque algunos miembros de la NSA, así como los agentes de la CIA, no le consideraban digno de confianza, desde el punto de vista político. Además de haber trabajado en pro de los derechos civiles, Wood había adquirido cierta reputación de radical. Y como no se le podía hablar de las relaciones con la CIA, tampoco era conveniente que supiese ciertas cosas referentes al financiamiento de la NSA.
Sherburne expresó a Wood la esperanza de que todo lo que se había hablado durante el almuerzo quedase entre ellos. Si se lo había contado a Wood era porque no quería que se marchara de la NSA. Más tarde explicó que prefería tener un amigo en quien poder confiar y con quien discutir, mejor que con los otros componentes de la directiva de la Asociación, las relaciones entre ésta y la CIA.

La CIA, dijo Sherburne, había conseguido inmiscuirse por primera vez en las operaciones internacionales de la Asociación en la primera mitad de los años cincuenta. Desde entonces, prácticamente todos los presidentes y los vicepresidentes para asuntos internacionales de la organización habían sabido las relaciones con la CIA y habían aceptado cooperar con ella.
Shetburne dijo también que la mayor pare de las Fundaciones que subvencionaban las operaciones internacionales de la NSA no hacían sino pasar el dinero de la CIA. Más aún, algunas de estas Fundaciones cubrían todos los déficits anuales de la NSA y habían incluso financiado la adquisición, por parte de la NSA, de las nuevas oficinas nacionales de la Asociación en Washington. Esto explicaba todo el misterio en torno a la adquisición y a las rentas de las nuevas oficinas nacionales de la NSA en Washington.
 Entre las Fundaciones encargadas de pasar los fondos de la CIA, Sherburne mencionó, según Wood, a la Independence Foundation, a la San Jacinto Foundation, a la Foundation for Youth and Student Affairs (Fundación par Asuntos de la Juventud y los Estudiantes), a la Sidney and Esther Rabb Foundation y a la J. Frederick Foundation. Sherburne no tenía noticia, sin embargo, de que el dinero de la CIA pasase por la Ford, la Rockefeller, la Asia Foundation o por otros grupos financieros de los que la NSA había también recibido subvenciones en el pasado.
Sherburne habló de la injerencia de la CIA en la política estudiantil internacional como de un hecho consumado, arguyendo, al mismo tiempo, que, de todas formas, las subvenciones de la Agencia eran indispensables para la Asociación Nacional y que, aunque no se podía decir que las relaciones con aquélla fuesen precisamente deseables, tenía serias dudas de que la NSA pudiese conseguir por otro lado tan ingentes sumas de dinero como recibía de la CIA. Además la Agencia había prestado su apoyo a muchos programas liberales de la NSA en el extranjero. Por todo lo cual, Sherburne opinaba que la ruptura de dichos lazos traería consigo un desastre económico para la NSA.
La CIA se interesaba casi exclusivamente por los programas internacionales de la NSA. Ninguno de los funcionarios de la NSA que se ocupaban del programa nacional de la Organización tenía nada que ver con la CIA y eran en realidad muy pocos, si es que había alguno, los que tenían noticia de dichas relaciones. Además no resultaba tan difícil mantener secreta su existencia, ya que, desde 1947 hasta 1960, los departamentos nacional e internacional de la NSA estuvieron en dos ciudades distintas.
En el curso de sus frecuentes conversaciones, Sherburne fue dándole a Wood una explicación parcial del argot utilizado por los agentes de la CIA destacados en la NSA para hablar de las relaciones entre ambos organismos en locales semipúblicos. La CIA en la “firma”, no utilizándose jamás la palabra Agencia. No se decía que tal persona era un agente sino que era “ingenioso”; y a los que trabajan como burócratas en la Agencia se les llamaba “muchachos”. Muchos de los miembros importantes de la NSA tenían apodos especiales. El nombre en clave de Sherburne era Mr. Grants (Mr. Donativos) (por la facilidad con que conseguía siempre los fondos).
Sherburne reveló a Wood que antes de iniciar en el secreto a un funcionario de la comisión internacional de la NSA, la Agencia encargaba a un ex funcionario de la NSA de comprobar si era digno de confianza. Luego se le invitaba a comer en algún restaurante. Sus anfitriones eran siempre alguna de sus compañeros, ya iniciado, y un agente de la CIA. Los contactos de la NSA se establecían siempre con el Departamento de Planificación de la División número 5 de Acción Secreta. De este modo, el “ingenioso” en potencia creía que sus anfitriones no eran sino un compañero suyo y un alumno de la NSA. Durante el almuerzo, éstos le decían que había ciertas cosas que debía saber, relacionadas con las actividades del equipo internacional, pero que como afectaban a la seguridad del país tenía que firmar previamente un voto de “seguridad nacional”.

Si firmaba la declaración jurada por la que se comprometía a guardar silencio sobre cualquier información que se divulgase, se le hablaba de las relaciones con la CIA y se le pedía que cooperase.
Todo lo cual implicaba naturalmente que si a cualquier miembro del equipo internacional se le ocurriese decir algo sobre estas relaciones, se le impondría inmediatamente un severo castigo legal. De este modo, los oficiales internacionales no podían admitir la existencia de tales lazos con la CIA, ni siquiera hablando con otros miembros de la NSA, Sherburne fue el que abrió la primera brecha en un muro de silencio que tenía ya quince años.

viernes, 2 de agosto

LA BIBLIA ADAMITA

Los “Adamitas” fueron una secta gnóstica del siglo II que fue fundada por Carpócrates. Eran partidarios de volver al origen, cuando el hombre aún no había pecado, en definitiva eran seguidores del Padre Adán y su Iglesia del Paraíso. Como si se tratara de proto-hippies estaban a favor del amor libre, del nudismo y planteaban que el sexo formaba parte de la vida espiritual. Creían que la represión del pecado era tan malo como el pecado mismo y, que el bien y el mal, dependían en exclusiva de la voluntad Divina. No creían en el infierno y sí en la salvación del hombre. Eran llamados los “Hermanos del espíritu libre”.

La Enciclopedia Católica los define como secta “tenebrosa” y miembros de un “comunismo primitivo”. Fueron exterminados pero, hasta el siglo XVI y hasta el XVII, se mantuvieron reductos de seguidores de esta herejía.

En la Biblioteca Municipal de Munich se conservaba, hasta que se quemó accidentalmente, dicen, la llamada “Biblia de los Adamitas”, el Adamos Muris. Lo curioso es que hay autores, como Wilhelm Fraenger, que defienden que El Bosco fue un adepto a esta secta y su cuadro, El jardín de las delicias, fue un encargo para ilustrar la Biblia Adamita. Este autor defiende que esta pintura es una representación del “Paraíso Adamita”, el “Ars Amandi” que preconizaban. Es más, hay quién incluso apunta a Los caprichos de Goya como obras Adamitas, pero esa es otra historia.


Imágenes: Adán y Eva. Pintura mozárabe, finales del siglo X. Codex Aemilianensis. Real Biblioteca del Monasterio del Escorial. La pintura procede del escriptorium de San Millán de la Cogolla de Suso, La Rioja.

El jardín de las delicias. El Bosco, Museo del Prado.
© JAVIER CORIA